Tinta y Rabia

Tinta y Rabia

sábado, 20 de octubre de 2018

Frío


Un silbido, cruza el pueblo,
y se ve, un jinete,
que se marcha, con el viento,
mientras grita, que no va a volver.
En algún lugar – Duncan Dhu


Apá, tengo frio.
Aguanta mijo, ya falta más poquito, ya casi llegamos.
Apá, hace mucho frio.
Mijo, ya merito vamos a llegar, espérate un poquito. Mira, toma, ponte mi chamarra, nomás dóblale las mangas pa que no te estorben, tienes que poder moverte rápido, por si las moscas.
Pero apá, ¿Usted no tiene frio?
No mijo, yo estoy fuerte, todavía aguanto un poquito más, póntela mientras y ya cuando se te pase el frio me la regresas.
Si apá.
Nomás aguanta otro poquito mijo.
Apá, ¿y por qué caminamos tanto?, ¿qué andamos buscando?
Andamos buscando un mejor futuro para ti y tus hermanos, un lugar donde brille más el sol y donde haya trabajo pa mí y pa tu amá; y pus un lugar donde haya una escuela más mejor pa ti. Yo sé que tú eres inteligente y que allá vas a llegar a ser un hombre de bien, pa eso vamos.
Apá, tengo frio.
Aguanta otro poquito mijo, ya casi llegamos.
Ya me quiero regresar apá, ya caminamos y caminamos y no llegamos a ningún lado, mejor hay que regresarnos apá, allá donde vamos nadie nos espera.
Aguanta un poquito por favor mijo, ya casi llegamos.
Pero tengo frio. Ya no quiero ir.
Mira mijo, ya se empiezan a ver las luces. Eso blanco que se ve hasta allá son las luces, segurito allá está la ciudad, seguro que ya llegando ahí ya encontramos que comer y algo de agua, y pues quien quita y encontramos una cama calientita, pa que te puedas dormir bien calientito, cómo cuando nos dormíamos los cinco juntos, ¿si te acuerdas no?
Apá, tengo frio.
Mijo, por favor, ya casi llegamos, aguanta un poquito más, acá no nos podemos quedar, ya en la noche salen hartos animales bien feos, y pues no queremos que nos pique uno y ya nos quedemos todos tiesos por acá, nomás aguanta otro poquito, y ya te vas a poder dormir bien calientito. No quieres que nos vaya a pasar como al compadre Chon ¿verdad?, que se durmió un poquito y lo picó la culebra, no mejor vamos a seguir caminando. Ya vez lo que dice la abuelita, que si los bichos oyen ruido se van, porque son bien miedosos, entonces si seguimos caminando segurito se van, segurito no nos pican.
Apá, tengo mucho sueño.
No mijo, eso si que no, no te me vayas a quedar dormido. Pela bien los ojotes, no vayas a dejar que se te cierren. ¡No te vayas a dormir cabrón!, eso si que no. Ponte a cantar, ándale mijo, cántame esa canción que cantabas siempre en las noches, ándale cántamela.
No, apá, tengo frío.
Ándale mijo, cántala, no te duermas, que no se te cierren los ojitos, ándale mijo, ya casi llegamos. Mira las lucezotas, ya se alcanza a ver la ciudad, ya casi llegamos y vas a estar bien calientito, no te vayas a dormir mijito, por favor corazón, no te duermas papacito.
Apá, tengo harto frío.
-Ven mijo, te voy a cargar. A ver si te puedo calentar un poquito con mi cuerpo, voy a tratar de caminar al mismo paso, pero ya estoy muy cansado, pero voy a tratar. Ven mijo, acurrúcate acá en mi pecho, mete tus manitas a mi espalda, abrázate bien. No te me vayas a dormir mijo, tú no por favor. Ya vamos a llegar, ya nomás como media hora de camino y llegamos, ya falta bien poquito.
Apá, tienes bien fría tu espalda.
Ay mijo, tu mete tus manitas. Ya casi llegamos y vas a ver que nos vamos a comer una hamburguesa, una coca pa ti solo. Vamos a comprarte un Transformers, el Superman; vas a ver que vas a entrar a la escuela y vas a tener muchos amigos, y cuando regresemos al pueblo vas a ser un muchacho de bien que va a ayudar a todos los del pueblo. Nomás echale un poquito más de ganas, que ya casi llegamos, ya nomás nos falta bien poquito.
Apá, tengo mucho frio, mucho sueño.
-No te me vayas a dormir, por favor mijo, nomás te pido que no te me duermas, por favor mijito chulo, no te me vayas a domir mijito, nomás no te me duermas mijo. ¿Mijo? ¿Mijito? ¿Corazón? ¿Mijo? ¿Juanito? Despiértate por favor papá ¿Mijo? ¿Mijo? ¿Mijo?...

miércoles, 17 de octubre de 2018

Olor


Viernes, medio día, metro de la Ciudad de México, línea azul, estación zócalo, dirección cuatro caminos.
Imaginen ese olor.
Venía de la catedral y el camino más corto para llegar a mi destino era el metro. Muchos se quejan del metro, pero creo que es uno de los transportes más eficientes de la ciudad, además de que puedes ver el rehilete de culturas y formas que construyen la mexicanidad.
-Próxima estación: Allende.
De pronto siento una mirada, una niña me observa detenidamente. Nuestros ojos se encuentran y se mimetizan, se quedan inmóviles por un lapso minúsculo de tiempo. La niña extiende su mano, como si quisiera tocarme, sonrío, le sonrío, la niña llora.
-Próxima estación: Bellas Artes, transbordo con línea 8, dirección: Garibaldi/Lagunilla-Constitución de 1917.
La madre trata de calmar a la niña, entre sollozos me mira y llora con más fuerza, presiento que tengo que cambiar de puesto, la niña comienza a sospechar.
-Próxima estación: Hidalgo, transbordo con línea 3, dirección: Indios verdes Universidad.
La avalancha me guía hasta una de las esquinas del vagón, a mi lado una anciana desdentada, se acerca un poco más a mí, miro como sus fosas nasales se abren poco a poco, miro como jalan aire y perciben mi olor, frunce el ceño. Trato de moverme y alejarme de ella, pero es imposible, hay mucha gente. La señora levanta los ojos y mira mis cuencas. Creo que sonríe, una sonrisa casi imperceptible entre ese mar de arrugas.
-Próxima estación: Revolución.
El vagón poco a poco se despeja, la señora ya no me mira, se pierde entre pensamientos. Parece que al mirarme se ha acordado de algo o de alguien, porque da leves suspiros mientras mete las manos en las bolsas de su mandil. Me acerco a ella y susurrándole al oído le digo que le quedan pocos días para encontrarse con él. Sonríe una última vez, me mira y me pregunta si bajo a la siguiente. Niego con la cabeza mientras miro cómo se dirige a la puerta del vagón.
-Próxima estación: San Cosme.
“Si mire, buenas tardes, no es mi afán ofenderlo, solo vengo ganándome una moneda. Si mire, me salí de mi casa cuando era un morrito y desde entonces no tengo dónde vivir, por eso ando acá, rifándome el físico, espero no ofenderlos con mi acto y si tienen una moneda que no afecte su economía, agua, alguna fruta o comida, será bien recibida. Muchas gracias y que llegue con bien a su destino”. Acto seguido el joven esquelético toma una playera y la deja caer al piso, en ella hay cientos de vidrios de diferentes tamaños. Deja caer su frágil cuerpo en varias ocasiones, pero no le sale sangre. Todos fingen no mirarlo.
Tomo un pan traido de la ofrenda, pero se desvanece en sus manos. Un par de años más, le digo mientras miro como su rostro se transfigura con el horror.
-Próxima estación: Colegio Militar.
Cuando las puertas se abren, entra el olor a sangre.
-Próxima estación: Popotla.
Voy en la esquina del vagón, cuando se abrieron las puertas un olor a muerto se hizo presente. Busqué por todos lados, para ver de dónde venía ese funesto olor, una chica cabeceaba mientras una señora la miraba con ternura. La miré fijamente hasta que volteo, al instante me di cuenta de que no pertenecía a este mundo. No se le ve color en los ojos, se miran opacos. Moví la cabeza para mirarla mejor, ella hizo lo mismo, me hizo un gesto de complicidad y comprendí que guiaba a la joven en este molesto trajín cotidiano, moví la cabeza negativamente. Nos habíamos dado cuenta de todo.
-Próxima estación: Cuitláhuac.
La joven se levanta y camina hacía la puerta. El olor a muerto es cada vez más pesado, huele como flores que poco a poco se pudren en un cántaro con agua, huele a basura acumulada, huele a desesperación, huele a olvido.
La mujer camina un poco, hasta la puerta. Sabe que la miro, tiene que seguir el curso, tiene que seguir su camino, tiene que dejarla ir.
-Próxima estación: Tacuba, transbordo con línea 7, dirección Barranca del Muerto-El Rosario.
El olor a muerto se incrusta en mi ser, inunda el vagón, pero parece que nadie lo percibe, es como si se hubieran acostumbrado a ese olor a muerto, a muerte. Miro a todos lados, mujeres, hombres, niños, niñas, ancianas, ansíanos, jóvenes; nadie se mira entre sí. Finjo no mirarlos. Cada vez que miro a alguien, en sus ojos aparece una fecha de caducidad, una fecha de muerte. Miro por dos segundos a la mujer que huele a muerto. Sus ojos marcan cero, lo supuse, igual que los míos. “Disculpa, bajas a la siguiente”, “si”.
-Próxima estación: Panteones.

lunes, 15 de octubre de 2018

Oficina de milagros

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Sábado de 9 am a 2 pm.
Domingo de 10 am a 1 pm.

Hacemos todo tipo de milagros: De amor, de salud, de ocio, de religión, de amarres, de la escuela.

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viernes, 12 de octubre de 2018

La conquista

El que escribe, Konetl Tenkutli, bautizado de esta manera por ser el hijo del jefe de la provincia de Castilla, antes llamado Don Juan de Vizcaína y Sigüenza, redacta la siguiente carta, como un testimonio fiel de las últimas reminiscencias de su vida como ibérico, español consumado, y deja una crónica fiel de lo que fueron sus últimos días, antes de que le sacaran el corazón en la gran pirámide de Huitzilopochtli, erigida sobre el templo de San José; tomado como ofrenda gracias a su fuerza y valentía en el campo de batalla.


Año Yei Calli, día Nahui Cuauhtli, de la veintena Hueytecuilhuitl
(13 de agosto de 1521)


Konetl Tenkutli
(Don Juan de Vizcaína y Sigüenza)


Me llamo Juan, me llamaba Juan, antes de que los demonios color tierra aparecieran en nuestras costas, ahora me conocen como Konetl. Después de que se apoderaron de todo, nos impusieron muchas de sus formas de vida, entre ellas los nombres.
Fue en el año Matlactliomei Técpatl, que nosotros conocemos como 1492, cuando una flota con tres canoas, seguidas de cientos de balsas, arribaron a las costas de Cádiz, en ella venían hombres vestidos con mantas y pocas ropas. Los provincianos asumieron que eran personas venidas de climas más amables y tropicales; su líder se hacía llamar Moctezuma, y hablaba de que había llegado al nuevo mundo.
Se comunicaban en una lengua extraña, parecía que hablaban con el paladar, eso fue lo que nos dijo Don Fernando de Cádiz, cuando escribió para avisarnos de la llegada de estas personas extrañas. De primera fuente, nos dijo que solo estaban observando y que se esmeraban en comprender la forma en que vivíamos, nuestras tradiciones y comida. Trajeron algo que para nosotros resultaba un tanto inservible, le llamaban obsidiana, una piedra preciosa que les cambiamos por telas, y animales. Esa primera llegada nos exaltó un poco, pero no supusimos mayor problema, ya que al poco tiempo se fueron. Nunca habíamos tenido contacto con alguna otra persona que no fueran similar a nosotros, ese choque con estos seres nos impactó.
Recibimos dos visitas más de Moctezuma, siempre traía nuevas cosas. En uno de sus viajes trajo algo que le decían penacho, que era una especie de tocado para el cabello usado por los líderes. Venían más y más personas a conocernos y nos sentíamos halagados, porque estas personas desconocidas, sentían un cierto interés en nosotros, era como si quisieran aprender lo más que pudieran. Alguno de los nuestros me dijo alguna vez que estaban preparando una conquista, pero no le creí, aun en estos momentos sigo sin creerlo.
En el año de 1519 pasó lo que no nos esperábamos, pero que profetizaron años antes. A la bahía de Cádiz arribó una canoa y cientos de balsas, cargadas con los demonios color tierra, cientos de hombres que bajaron y se maravillaron con las riquezas que suponía nuestra madre España. El líder se presentó, nos dijo en su lengua que se llamaba Cuauhtémoc y que venía a reclamar esta tierra como parte del imperio Mexica.
Pensando que solo era una treta, les dimos un muy buen recibimiento, incluso al líder le obsequiamos a una de nuestras doncellas María -a la que bautizaron como Malintzi-, como muestra de amistad. Los aztecas parecían complacidos y maravillados con lo que veían sus ojos. Algunos devotos de la iglesia asumían que Cuauhtémoc era la reencarnación de Cristo, y no faltó quien dijera que lo vieron caminar sobre las aguas. Algunos decían que bastaba con un movimiento de su brazo para hacer temblar a la tierra.
El hijo de Don Fernando de Cádiz nos dio el aviso de que estas personas parecían hostiles, de hecho, los bautizó con el nombre de los demonios color tierra. Nos habló de especies de armas negras, cuchillos, lanzas, arcos y flechas, además de perros sin ningún pelo y que sacaban fuego por sus fauces.
La comitiva azteca llegó al Reino de Sevilla, inmediatamente nos dimos cuenta del poderío azteca, la mayoría de los sevillanos fueron masacrados de una manera atroz, no tenían como defenderse, parecía que nuestras balas rebotaban en sus fuertes cuerpos. Bastaba un movimiento certero con sus puñales de obsidiana para cortar de tajo brazos, piernas, torsos y cabezas. La conquista se comenzaba a gestar.
El siguiente en caer fue el Reino de Córdova, los cordobeses se dieron por vencidos apenas vieron el imponente ejercito azteca acercarse. Era como ver demonios, escribió uno de los comandantes -como aviso al Rey Carlos I-, son inmortales. Cuando los mexicas lograban apoderarse de un reino, lo primero que hacían era dejar a uno de sus guerreros águila o jaguar, destruir nuestras iglesias, montar pirámides y ofrecer un sinfín de corazones y cuerpos humanos, como ofrenda a sus dioses; se aterraban de nuestras creencias y no podían concebir que solo adoráramos a un dios, un dios que para ellos era pagano.
El ejército de Cuauhtémoc siguió su camino, pudo llegar sin contratiempos al Reino de León, Joán, Valencia y Aragón, donde entablaron alianzas con los lideres de todos estos puntos, por algún motivo tenían algo contra la comitiva del Rey Carlos I, y la mejor manera de vengarse era uniendo fuerzas con el ejercito mexica, que cada vez se veía con más fuerza.
Así pues, y como esperando lo inevitable, en 1520, La Corona de Castilla y el Imperio Español, comandado por Carlos I, abrieron las puertas del reino a Cuauhtémoc, quien, quedó maravillado con la arquitectura, y pidió a Carlos I, hospitalidad para sus guerreros y los aliados; Carlos I aceptó, y a todo el ejercito de Cuauhtémoc se le alimentó y se le dio de beber por varios días, aprovechando esta situación para que, cuando se celebró el carnaval, en donde la mayoría de soldados y aristocracia española participaba, atacarlos de manera sorpresiva, lo que originó una de las mayores masacres, que guardará la historia.
Estos hechos desencadenaron una serie de batallas entre el ejército de España y el ejercito de Cuauhtémoc, la invasión estaba en su apogeo, lo único que podíamos hacer era resistir, resistir y repeler los embates de los demonios color tierra, hasta que nueve meses después de la gran masacre de Castilla, con miles de bajas, población enferma y un rey que poco a poco descendía de su poder. No quedó nada más que rendirnos y entregar España a los poderosos Aztecas, misma que fue bautizada casi al instante como La Nueva Gran Tenochtitlan.
Carlos I, fue apresado, lo torturaron por tres días, quemándoles los pies, tratando de que confesara sobre el gran tesoro de Fernando de Aragón, nunca dijo una palabra. Lo colgaron frente al castillo derrumbado, como muestra de que nuestro Reino había caído.
Escribo esto, como un testimonio de lo que ha pasado, no se cual será mi destino. Cientos de soldados que cayeron junto conmigo, han servido para alimentar el apetito de Tonatiuh, su gran Dios del Sol, supongo que mi castigo será igual. Solo rezo, le pido a Jesús, que me de las fuerzas necesarias para aguantar este suplicio y que no me deje ver, como nuestro gran reino se ha convertido en cenizas.

domingo, 7 de octubre de 2018

Decisión

Y bueno, al fin estamos acá, los dos frente al juez.
          Viéndonos a los ojos, con el nerviosismo que no se puede ocultar, con las gotas de sudor que caen sobre nuestras frentes. Los testigos nos miran aturdidos, de vez en vez tragan saliva. En el ambiente se siente una bruma pesada, la misma que se extingue cuando el juez lanza la sentencia.
          -Señor, ¿acepta?
          -Acepto.
          -Señora, ¿acepta?
          -Acepto.
      Nos miramos a los ojos, tratamos de sonreír pero no podemos, es como si nos hubiéramos congelado viendo la quietud del otro. Por dos segundos creo que puede ser una buena idea tomarte de las manos, pero me detengo casi al instante. Se hace un silencio incomodo, casi perpetuo, se pueden escuchar los corazones latiendo a un mismo compás. Tengo que decir o hacer algo, pienso mientras miro como la incomodidad se apodera de los asistentes, tengo las palabras precisas, adecuadas, están por salir cuando de pronto el juez rompa con la quietud del ambiente.
         -Pues bien señores, lo último que tiene que hacer es firmar y quedarán oficialmente divorciados.

jueves, 4 de octubre de 2018

Locos

Un día Josue se levantó un poco molesto, había tenido un sueño raro, donde alguien le decía que no tenía cultura, que nada lo representaba. Al abrir los ojos trató de buscar en su casa algo que lo identificara, algo que le dijera que tenía que cultura, que era parte de algo; pero no encontró nada; solo un mosquito solitario que deambulaba por su oído, como queriéndose hacer notar. Josue se percató que tenía toda la barriga repleta de sangre, había olvidado prender el ventilador, poner el pabellón y prender el raidolito.
          Se levantó apresurado y pensó en preguntarle a su mamá qué que significaba para ella ser igualteca, quería ver si ella podría responder la pregunta que tanto le aquejaba; pero al llegar a la cocina se molestó una vez más, de nuevo picada de papa para almorzar. Prefiero salir y buscar alguna respuesta.
          Las calles se le hicieron minúsculas, más aún con un solo sentido, que gracia que en las calles los autos se dirijan a un solo lado. Por un momento recordó a sus amigos, quienes alguna vez le dijeron que en Iguala nadie se puede perder "nomás te vas todo derecho, en cualquier calle y vas a llegar al centro". Una explicación razonable se dijo mientras llegaba al centro, sonrió de la nada.
          Caminó alrededor del centro, subió al kiosco, lo vio maquillado con todas esas frases que en algún momento alguien colocó ahí, para decirle algo al mundo. Recordó como fue su primer beso una tarde calurosa de octubre, cuando el cielo pardeaba y por fin la chica de sus sueños había decidido salir con él. Pensó que si quizá le hubiera dado agua de la tamarinda ella seguiría con él. Recuerdos que llegaban a su mente, mientras se tomaba una nieve y escuchaba como la campana de San Francisco repicaba una canción popular.
          Se adentró por la calles hasta llegar a la Plaza de las Tres Garantías, mientras miraba con extrañeza el Monumento a la Bandera, la derrumbada ESPI y la rescatada Pérgola, figuras que hacían de Iguala, un lugar emblematico.
          Dio dos vueltas sobre su eje, viendo el cielo más azul que pueda existir, sintiendo como el calor abrasador lo hacía sudar a chorros. Miró fijo a la bandera mexicana que adorna imperturbable el cerro de Iguala, nunca la había visto tan imponente. Sonrió una última vez antes de regresar a casa.
          Al llegar se dijo a si mismo que hay que estar loco para vivir en Iguala, y él creía que estaba un poco loco.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Amor a primera vista

Llegué hasta la casa con los ojos llenos de lágrimas, mi madre al mirarme se extrañó y me preguntó qué qué pasaba. Antes de responder le pregunté que si ella creía en el amor a primera vista, cuestionó el por qué de mi pregunta, así que tuve que contarle toda la historia.
          El mensaje fue tajante: "Tenemos que hablar". Ya sospechaba lo que se avecinaba, como una tormenta que poco se acerca a ti para destruirte. Pensé que esas tres palabras eran un invento de la sociedad, una especie de leyenda urbana, para afrontar el dolor y la perdida de las relaciones afectivas que se pueden cruzar por el camino. Pero ahí estaba yo, mirando fijamente el celular, leyendo y releyendo esas tres palabras, como si tratara de descifrar un mensaje oculto, como si quisiera desentramar el hilo oculto de esas trágicas palabras.
          Atiné a contestar con un mimético: "Voy a tu casa". Cuando oprimí el botón de enviar pensé en cuales serían mis argumentos para tratar de que el rompimiento no fuera la conclusión o el resumen de esas tres palabras malditas. Ensayé los hartos conocidos: "Estaba borracho", "te juro que no es lo que parece", "sólo fue un beso", "pero a quien amo es a ti" y el famosisimo "te prometo que voy a cambiar". Sin embargo, ninguno me convenció en ese momento, y es que ni siquiera sabía por que me iban a terminar. El mensaje fue tajante, la invitación para hablar de algo, obvio de nuestra ruptura, pero no tenía ni idea del porque pasaría eso. Deberían de hacer un anexo detallado, en donde expliquen punto por punto, el porque de esa decisión, digo, así podríamos prepararnos con buenos argumentos, antes de "hablar".
          Toqué la puerta de manera constante hasta que ella apareció, lucía hermosa, hace tiempo que no la veía así de bella. Al mirarme agachó la mirada y me impidió el paso, fruncí el ceño y pregunté que estaba pasando, qué de qué quería que habláramos. Se mordió el labio inferior e inmediatamente miró hacía adentro, como si buscara algo, alguien, alguna respuesta. Me miró a los ojos por escasos segundos, tomó todo el aire que pudo y sin chistar me dijo: "ya no te amo". Mil cubetas de agua fría cayeron sobre mi, creo que lo mejor hubiera sido marcharme de una vez, antes de que dijera algo más, pero estaba congelado. Mientras trataba de superar el sopor, tomó aire y como si tuviera todo un discurso preparado me dijo: "Mira, me gustas, me la pasó muy bien contigo, pero ya no es lo mismo, se ha perdido como la chispa, no sé, es algo raro, no sé, no te lo podría explicar. Cuando te vi me gustaste mucho y supe que quería andar contigo, pero nunca terminó de convencerme lo que teníamos, no sé, era raro, cómo que nunca pude enamorarme de ti. Pero cuando vi a Ulises, supe que quería estar con él, cómo te lo explico, fue como amor a primera vista". ¿Qué es el amor a primera vista?
          Dice mi mamá que cuando nací se paró el tiempo, que sus pupilas me recorrieron de pies a cabeza, no sabía que sentir, verme tan quieto, tan calmado, tan frágil. Me dijo que ella no había sentido nada igual en su vida, llevarme por nueve meses dentro de ella, para que una tarde calurosa de noviembre decidiera salir de su ser. Recorrer con su mirada mi pequeño cuerpo fue lo más profundo que ha hecho. Dice que no sabe que es el amor a primera vista, pero sabe lo que es amar a primera vista.

martes, 2 de octubre de 2018

Dos octubres

Carlos despierta y siente el sabor a metal en la boca, revisa su almohada y se da cuenta que hay gotas de sangre desperdigadas sobre la almohada. Recuerda los momentos del día anterior, pero no se inmuta, solo siente un leve cosquilleo en el estomago; es la rabia contenida, se dice para si mismo, mientras tira las cobijas y se dirige al baño.
          Se lava los dientes mientras se observa el golpe que tiene en la boca. Mira su cabello anudado por la sangre seca, mira su barba sin rasurar. Han sido días exhaustos, pesados. Tose y sale un flema verdosa con manchas color marrón, Carlos la mira mientras piensa en toda la sangre que tienen que lavar; marrón, con manchas verdosas.
          Entra a la regadera, abre el agua fría, aun tiene la sangre caliente. No siente como las gotas de agua se incrustan en su cuerpo, no puede pensar con claridad. Aun siente la rabia en la boca del estómago, siente como le llega a la cabeza, como punzadas que no se detendrán en los últimos 50 años.
          "El azul te sienta bien, realza el color de tu piel", le dice su esposa, mientras lo mira nerviosa. Carlos gruñe, se acerca a ella y le da un beso frío en la frente; la mira a los ojos por dos segundos, no recuerda porque se casó con ella, sigue sin recordarlo.
         En la calle el sol se aprecia a lo lejos, los primeros rayos comienzan a bañar la ciudad. El ambiente se siente pesado, tenso, denso. Como si cientos de almas deambularan errantes por la laberíntica Ciudad de México. Carlos siente ganas de llorar, las caras de todas esas personas llegan a su mente, el recuerdo del golpe que lo dejó fuera de combate y las botas pisando el contorno de su cuerpo, los guantes blancos y las bengalas que regresaban la luz a ese cielo opaco.
          Llega a la Plaza de las Tres Culturas a las seis de la mañana, piensa que debe de haber mucha sangre por limpiar. La plaza amaneció barrida, recuerda Carlos cada 2 de octubre. Aún 50 años después, sigue sintiendo la rabia llegando a la boca de su estómago.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Memoria


-¡Amá!, ¿es usted la que anda allá afuera? ¡Amá!
       -Si, vuélvete a dormir, mañana tienes que irte temprano.
       -Ya duérmase amá, ya descanse, ya acuéstese, ya es bien noche.
     -Ya duérmete mijo, yo nomás ando buscando una cosa acá afuera. Nomás la encuentro y me acuesto.
       Traté de cerrar los ojos, de cerrarlos un poquito más, pero no podía, el sonido de las sandalias de mi madre arrastrándose por toda la casa, hacían que los recuerdos regresaran a mi mente.
       Me di un par de vueltas, me arropé, me desarropé, conté los hoyos que tenía la lámina de cartón en el techo; pero el sueño seguía sin llegar, aun cuando el sonido de las sandalias se hubiera extinguido.
       Me levanté y traté de jalar la cortina y salir, pero no pude, la puerta seguía cerrada. Me asomé por la ventana tratando de sacar mi cabeza por los barrotes, traté de mirar más allá del muro, pero no pude.
      Regresé al suelo, me tapé con las cobijas e intenté dormir. Afuera, el sonido de las sandalias de mamá arrastrándose por todo el lugar seguía llegando hasta mis oídos; sonaban como si buscara algo, como si buscara a alguien.

martes, 4 de septiembre de 2018

Alarido-Estallido

Hoy el cielo luce calmo
las nubes se esconden tras los cerros
presienten la inminente cortina de sangre
que está por elevarse.

Hoy los zapatos se contonean al unisono
mientras el pasto sucumbe ante las pisadas uniformes
de los cientos de pies
que buscan desesperados una sola respuesta.

Hoy las miradas lucen cargadas de incertidumbre
traen consigo el peso de 50 años de historia
con el rojo que tiñe la memoria
con el rojo que aún no se borra.

Hoy los gritos sucumben
ante las formas abstractas que inamovibles
miran como el odio se atiborra en la boca del estomago
para dejarlo salir de golpe.

Hoy las lágrimas están cargadas de rabia
de incertidumbre y dolor.

Hoy el cielo luce nublado
se avergüenza de si mismo.

Hoy los pájaros han callado
el pasto no creció.

Hoy la sangre de los compañeros
no quedará impune.

Hoy es un buen día para pensar
para luchar
y resistir.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Yo vería

No me gustan los días nublados
tampoco los lluviosos.

No me gustan las nubes negras
infladas de tristeza.

Me inundan de sublime penumbra
me estremecen al ritmo de la soledad.

No me gusta que el cielo grite
lastimosas pedidas de ayuda.

No me gusta la desesperación
de ver caer miles de gotas sobre mi.

Me hieren con su suave y terso cuerpo
me lastiman con su filo sublime.

No me gustan los días nublados
no me gustan los días tristes
no me gustan los días frios
no me gustan los días eternos.

martes, 7 de agosto de 2018

Segundos

Segundo 1. Las miradas cruzan sigilosas el umbral de la decencia.

Segundo 2. La sonrisa se asoma lenta entre las rendijas de la razón.

Segundo 3. El corazón late fuerte, se escucha a través de los sentidos.

Segundo 4. El perfume sale despedido, se incrusta en la memoria.

Segundo 5. La simplicidad del momento se esfuma con el tiempo.

Segundo 6. Las manos buscan unirse, no lo consiguen.

Segundo 7. Las formas de tu silueta son precisas, perfectas.

Segundo 8. La Boca se acerca cautelosa, con reminiscencias de temor.

Segundo 9. El beso es inminente, necesario, inevitable.

Segundo 10. Tiempo detenido, tiempo estático, tiempo uniforme, tiempo exacto.

martes, 26 de junio de 2018

Llueve

lee y vomita:

Hoy me recosté sobre la lluvia,
esperé a que escampara,
viendo tranquilamente
como los cuerpos se mojaban
cuando chocaban entre sí.

miércoles, 20 de junio de 2018

¡Ayuda!


—Señor. Señor, por favor, hágame caso señor. Señor, por favor, se lo ruego, necesito de su ayuda, no me puedo quedar aquí, tengo que ir a ayudar a mi hermano, señor, tantito, no le quito mucho tiempo.
Señor, ándale mire, ¿habla español?, ¿si me entiende pues? Señor, por favor, no me puedo quedar aquí, tengo que seguir mi camino, señor, ayúdeme.
Yo sé que me entiende, se le ven en los ojos que si entiende el español, como no si está de moreno igual que yo, a lo mejor hasta somos paisanos, debería de ayudarme señor, a salir, tengo que seguir mi camino. No se haga el que no me oye señor, tengo que ir rápido a buscar al mejor doctor del mundo. Todos sabemos que lo mejor esté en Estados Unidos y claro que ahí está el doctor que va a curar a mi abuelita, si bien que me lo dijo mi mamita la última vez que hablé con ella: “no se apure mijo, ahora que regrese voy a llevar al mejor doctor para que cure a Mama Juana”. Mama Juana es mi abuelita, es la que nos cuida a mi hermano y a mí, mi mamá se tuvo que venir a trabajar porque pues ya no nos alcanzaba, pobrecita ella solita trabaja; no tenemos papá.
Mi abuelita nada más un día amaneció mala, tose y tose. A cada rato iba al baño y pues la llevamos al seguro, ahí iba mi hermanito jalándola, ya se siente bien grande, dice que ya tiene ocho pero nomas tiene siete, el mes que entra ya cumple ocho, pero sigue teniendo siete. Es bien atrabancado, si por él andamos por acá.
Pues mi abuelita estaba mala, pero ya en la clínica le daban medicinas, nos dijeron que eran para mantenerla, pero que no la iba a curar, que lo que Mama Juana tiene solo se curaba en los yunais, ahí con el mejor doctor del mundo. Cuando habló mi mamá le dije que teníamos que llevar a Mamá Juana, pero me dijo que no me preocupara pues, que ella llevaría al mejor doctor del mundo para que curara a mi abuelita, y pues bueno, ya me quedé más o menos tranquilo.
Pero nada más de repente mi mamá dejó de hablar, ya no nos habló, y mi abuelita bien enferma, cada día se veía más y más enferma, como que poco a poco se nos estaba muriendo. Nos fuimos quedando sin dinero, tuvimos que salir a pedir a la calle, para comer un poquito, pero verdad señor que no nos importaba comer, lo que queríamos era curar a mi abuelita, llevarla al otro lado a que la curaran o ir y traer al doctor; y pues así cómo estaba de enferma seguro no aguantaría el viaje. Mi hermano agarró unas cosas y me dijo: “amonos”; y yo, pues yo nada más lo seguí señor.
Nos aventuramos, nos salimos a caminar y a ver cómo llegar al gabacho. No, si le contara todo lo que vimos, yo creo que ni me creía. Primero nos encontramos con la mara, dos que tres nos pegaron, pero creo que nos vieron bien chiquitos, y ya nos dejaron, se quedaron burlándose pero ya no nos hicieron nada. Nos tocó ver como se caían las gentes del tren, como se robaban sus cosas. Una vez un mara aventó a un paisano de la bestia, nomás porque no le quiso compartir de su agua. Yo nada más me agachaba, y abrazaba a mi hermano, sacaba una foto de mi mamita y le rezaba a Diosito para que me nos diera fuerza. Por eso ayúdenme señor, tengo que salir ya, tengo que encontrar a ese doctor.
Lo más feo fue pasar por México, ahí todos te quieren hacer algo. Que bájate los calzones, que qué traes, que llévale esto a no sé quién, que qué me estás viendo, que jálale, que móchate, que cáete; nada más me acuerdo y se enchina la piel. Hay señor si le contara lo que nos pasó cuando pasamos por México, creo que nunca lo voy a olvidar. Pero no le hace, tengo que encontrar al mejor doctor del mundo y llevarlo a que cure a mi abuelita.
Ya cuando llegamos a la frontera, pues la verdad si veníamos bien cansados, con muchísima sed y harta hambre. Yo le dije que nos esperáramos un día, a ver si conseguíamos algo de comer, pero no me hizo caso, ya quería llegar, ya quería pasar, quería encontrar a mamá, quería encontrar al médico.
Yo creo que por chiquitos nadie nos hacía caso, nadie nos decía nada, solo nos veían así como raro, nos veían y seguían caminando, yo ni sabía por dónde pasar, ni como le teníamos que hacer, nomás veíamos la cercota bien grandota. Con razón nadie quiere regresar, pues les ha de cosatr mucho meterse y después salir, con esa cerca es bien difícil pues. Nada más veíamos el rio y la cerca, no había manera para pasar, no teníamos por donde pasar pues, no sabía ni que hacer, se supone que yo soy el más mayor; mi hermano pobrecito nada más me veía, como que me quería preguntar algo, pero no me dijo nada, ya no lo escuché.
Es como si hubiéramos quedado de acuerdo, nos agarramos de la mano y nos metimos al río. Sabemos nada bien, pero este río es bravo pues. Ay señor tengo que salir de aquí, ayúdeme, yo sé que usted puede ayudarme. Ni nos quitamos la playera, así como íbamos nos metimos, íbamos bien, me cae que íbamos bien, nosotros sabemos nadar, pero el río es engañoso pues. Nos empezó a revolcar a revolver, yo agarré con más fuerzas a mi hermano, me cae que le puse todas mis fuerzas señor, todas las que tenía, pero no fueron suficientes. Se me soltó, lo solté, ya ni sé, no sé qué pasó señor, no sé qué pasó.
El rio me aventó pa fuera, había tragado mucha agua y estaba tose y tose, comencé a gritar “Ernesto, on tas Ernesto”, no lo veía, en el rio no se veía nada señor, lo estaba busque y busque y nada, no lo encontré, no se veía nada, de seguro salió por otro lado, ese rio es bravo, bien bravo. Yo seguía buscando hasta que alguien me agarró por el hombre, no sé ni que me dijo, pero yo le decía que me ayudara a buscar a mi hermano, “not speck english”, mi hermano señor, mi hermano. Me jaló, y me subió a una camioneta donde iba ya mucha gente y pues. Pues aquí estoy.
Pero señor, usted me puede ayudar, yo sé que usted puede, ayúdeme a salirme, tengo que buscar al doctor, a mi mamá, a mi hermano, no me voy a portar mal, solo tengo que encontrarlos y me regreso, yo no me quiero quedar, nada más vine por ellos, ayúdeme señor por favor.

viernes, 8 de junio de 2018

Cerrar los ojos

lee y vomita

"Hoy es un buen día para morir".
Me dije sin sonreír mirando al espejo
son las ocho de la mañana
el sol resplandece en el firmamento.
Miro el reflejo de aquel que dice ser yo
pulcro, limpio, brillante.

"Todo parece marchar bien".
Grita mi cerebro de la nada.
Bien.
Todo marcha bien.
Repite mi boca una, no, dos veces.
Los gallos no cantaron hoy,
el sol sigue caminando.

"Es un buen día para morir".
Grito en la puerta de mi casa,
el vecino levanta su mano
sonríe y me saluda,
mientras sigue regando sus flores multicolores.
Todo marcha bien, muy bien.

"Hoy es un buen día para morir".
Me digo a mi mismo,
cierro los ojos,
titubeo por dos segundos
y enciendo el televisor.
Mañana quizá también sea un buen día para morir.

lunes, 7 de mayo de 2018

Un, dos, tres por el arte

Crónica del festival 1 2 3 por las artes

Dos semanas antes me sentí un poco preocupado, vino a mi cabeza el festival "1 2 3 por la Artes", que se realiza en la ciudad de Taxco de Alarcón, recordé a mi amigos Pedro  Acevedo y Hugo Antunez, los recordé como si hubiera sido ayer que nos vimos para el 6to. "1 2 3 por las Artes". Camino un poco por la gigante de concreto y mi celular parece insistente, la voz de Cassandra me resulta familiar y con beneplácito recibo la noticia de que el festival se va a realizar, "es un gran logro para el arte" digo, mientras recibo instrucciones del día y hora en que se me ha programado, me dicen que habrá apoyo en viáticos lo que que me hace un poco más feliz, "son tiempos difíciles" pienso mientras cuelgo y sigo caminando con una sonrisa en el rostro.
     La cita es el 28 de abril a las 5 pe eme, pero salgo a las 9 a eme, de la terminal del sur, Taxqueña, no me gusta llegar tarde, me puedo perder en el camino o perder alguno de los show´s que se presentan. Me gusta mucho viajar a Taxco, es una ciudad que me trae muchos recuerdos, en donde hice muchas cosas y donde pasé varias aventuras. Me gusta el camino, observar por la ventana como todo va cambiando de un gris opaco a un verde claro. Me encanta ver lo cotidiano de la vida, justo el titulo del show que preparé para este encuentro.
     Llego a las 12 del día, desciendo del autobús y miro los cientos de puestos de plata, es sábado de tianguis. Camino hacía la plazuela de la Veracruz, hogar del 1 2 3 por las Artes, me gusta el olor de Taxco, el sol, la textura. Lo primero que miro al llegar a la plazuela son un par de carpas, personas sentadas bajo ellas, y mucho equipo que servirá para darle vida al festival. Miro a Hugo, con su hiperactividad y carisma que siempre lo acompañan, me mira y me estrecha en un abrazo que reconforta, nos saludamos y ponemos al tanto, me invita a almorzar y me siento bajo las carpas, platico con las personas que vienen y van, sobre todo de arte.
    Pedro llega después de un momento e igual de efusivo me saluda con un harto conocido "maestro", y con un abrazo que llena de energía, es bueno estar entre amigos, amigos que aman el arte. Zuri me saluda con efusividad y me dice que me acompañará al hotel, pero esa ida al hotel nunca se concreta, prefiero quedarme en la plazuela el tiempo que sea necesario.
     Reviso el horario de actividades, miro con beneplácito que estará Verónica Miranda Maldonor, por fin podré apreciar de cerca su recital. Mientras espero, me refresco del calor y platico con las personas que vienen y van, nos vamos poniendo la camiseta del foro y ayudamos con lo que se puede y podemos, armamos estructuras, vemos que todo esté en orden, damos palabras de aliento; todo entre el más grande carnalismo.
     En punto de las 4:40 pe eme, Verónica, acompañada de Cráneo hacen su aparición en medio de un set adornado para la ocasión, la audiencia mira expectante, cuando por fin el bajo y la guitarra suenan, acompañando la poderosa voz de Verónica. Letras llenas de rabia, que gritan inconformidad, que duelen, que enchinan la piel, que te dejan que pensar, que abren un foro de los más hermosos en Taxco y que piensas que no pudo haber sido de otra manera.
     A las 5:50 pe eme, abordo el escenario, silla, pedestal, micrófono, con eso es suficiente. Miro a las personas que estan sentadas frente a mi, conozco máximo a tres, todas las demás son rostros nuevos para mi, eso es lo mejor en este oficio, que alguien te escuche por primera vez. Abro con un poema de Rodrigo Solís y dos poderosos poemas de Daniel Jiménez, para dar paso al set de cuentos y minificciones que tengo preparados para esta tarde, todos ineditos, solo "Incertidumbre" del libro Desaparecidos. Al finalizar mi participación escucho risas y aplausos, ese es el mejor pago, no pudo haber sido de una mejor manera.
     Casi al instante de bajar, entra en escena Súper Brocoli, la verdura vengadora, una obra de teatro con un mensaje poderoso y con un elenco maravilloso. Dejan un sabor dulce en el paladar, han pasado casi siete horas y no me he movido de la plazuela.
     Todo el esfuerzo impreso en cargar una estructura gigantesca se ve recompensado cuando en escena aparecen cuatro jóvenes atletas, chicas que son parte de la compañía de danza aérea "Aferrarte", con una demostración de acrobacia y disciplina que hace que se enchine la piel, un espectáculo digno de compartir y disfrutar. Al terminar hace su aparición en el escenario la bandada de Abigarrados, presentando el número 12 de su revista literaria.
     Como acto final y de la mejor manera, se presenta la banda Sybil, con una fuerza músical envidiable y con una vocalista poderosa, son las diez de la noche y el cansancio empieza a mermar en mi, llevo casi 10 horas en la plazuela de la Veracruz, viendo desfilar artistas, observando como vienen y van, observando desde la sombra de un árbol como llegan a presentar su acto y se retiran, al mero estilo diva, es un poco raro, sin embargo, miro alrededor y observo a tanta gente que como yo disfrutan de cada uno de los espectáculos que me siento feliz de estar ahí, de compartir con Hugo y Pedro un año más del 1 2 3 por las Artes.
     Larga vida mis carnales.


Everardo Martínez Paco
Perro Rabioso

CDMX, 8 de mayo de 2018

miércoles, 21 de marzo de 2018

Crónica de un 21 de marzo de 1992


Las fuertes sacudidas me sacan de ese letargo; soñaba con que volaba a un mágico lugar, donde los ríos eran de chocolate y las nubes de bombón, los arboles daban caramelos y…
—¡Órale, flojo!, ya párate. ¿Qué no ves que hoy es el desfile? indudablemente era la voz de mi madre, y ¿el desfile?, ¿a cuál desfile se refiere? Lo adiviné cuando vi mi pantalón blanco sobre la silla que está al lado de mi cama. Abruptamente olvidé mi sueño, ¡vale queso! Pero no vale queso el desfile ¡eh!, vale queso que se me olvidó mi sueño. Desfilar siempre me ha gustado; bueno, nada más he desfilado una vez, cuando iba en segundo y salí en la escolta, marché bien bonito, ¡me cae! Hasta una foto tengo con la escolta. Y, pues, ésta que es el día de la primavera. ¿Apoco la primavera tiene un día?, ¿quién le habrá puesto el nombre de primavera?, ¿los perros tienen sueños?, ¿por qué mi hermana es bien floja?, ¿qué es trabajar?
—¡Con una chingada, Lalo! Ya párate de nuevo la voz de mi mamá. Me levanto como si tuviera un resorte en la cola, y no es que yo siempre me pare así, pero ¡no inventes! hoy es el desfile y, nada más y nada menos, que me van a poner el traje más chido de todo el jardín.
Desde que nos dijeron que nos tendríamos que disfrazar de algún animalito, yo le recé a San Martincito de Porres para que me tocara de conejito, hijo del maíz. Ese es el disfraz más bonito, ¡me cae!. Y ¡chin!, la maestra Martha que dice: ‹‹Lalito, te tocó el de conejito››. ‹‹¡Ujujuy!››, pegué un brincote. El que yo quería, estaba recontento.
—¡Everardo! —¡Ah, jijo! Ya se enojó mi mamá, nomás me dice así cuando ya se enojó, pus tengo que cambiarme, pero primero voy a hacer pipí—. Ya te dije que no te orines en mis plantas, pilcate del demonio. ¡Ay!, mi mamá. ¿Qué no ve que llovió y que ni se ve donde hecho mi pipí?—. Ven para que te cambie, pero ¡ándale!, que se nos va a hacer tarde. Como rayo me subí a la cama. Mi mami me quita toda mi ropa. ¡Ah, caray!, hace frío, pero luego, luego me pone mi trusita blanca, mi camisetita blanca, una camisa de manga larga blanca, me pone mi pantalón blanco y, por último, mis zapatos negros. ¿¡Qué!?, ¡zapatos negros!, ¡no manches! Todo bien blanco y ¡zapatos negros!, voy a parecer un conejo con botas. Mi mamá va a su cuarto, trae algo en sus manos. Siéntate mijo, no te muevas que te voy a pintar como conejito. El pintarme como conejito sólo consiste en hacer tres líneas en cada mejilla con su delineador y pintarme la punta de la nariz color rojo con su bilé. Me pone unas orejas que ella misma hizo. ¡Qué padre!, son blancas. Estaba preocupado pensando que podrían ser negras, y cómo, pues, si soy un conejito blanco.
Estoy listo y flamante, el conejo blanco más chulo de todo el jardín, ¡Abuelita de Batman que sí! Me pongo a brincar en mi cama y por todo el cuarto. Y cómo no brincar si soy un conejito, y los conejos brincan, ¿no? Mi mamá batalla para que Maguis se despierte, es bien floja.
Yo sigo brincando por todos lados. Ahora el brincoteo se pasó al patio. Bueno, soy un conejo, ¿no?, tengo que brincar por todos lados.
Mijo, ten cuidado. No te vayas a caer en un charco —me hago el que no escucho. Si te caes, así te voy a llevar ¿eh? Y, a aparte, te voy a chingar. Soy un conejo, no entiendo el idioma de los humanos, háblame en conejo.
El patio es amplio, pero yo soy un conejo, el que brinca más alto, si no, mira este brincotototote…
¡Ah, jijo de su madre!, no le medí bien. Pinche tabique, se me movió, caí bien de pompas en ese charcote; para mi mala suerte, es el más grandote de todo el patio. En ese momento me enojé mucho, y recordé a mi tío Emilio, a quien alguna vez escuché decir que cuando uno se enoja dice groserías; así que saqué todo mi arsenal de malas palabras: pipí, caca, popo, pedo, ish, cochino, jijo del maíz, pilcate, y otras que no recuerdo.
Totalmente molesto y si no me creen debieron haber visto mis lágrimas de puro coraje me levanté como lo hacen los conejos, de un brincote. Iba a seguir brincando, pero en ese momento sentí tibia mi nalguita.
—¡Hijo de la chingada!, te dije dos cinturonazos más y ámonos al desfile. Pero mami, cómo me llevas así. Bueno, no me importa, soy un conejito blanco, el más bonito, una caidita chiquita a cualquiera le pasa, incluso al conejo que brinca más chido.
Ya está todo pa’l desfile; los carros, las abejitas, los ositos, los zorritos, las florecitas, un león, un mapache, y la maestra Martha. Quien me ve, se acerca, me abraza. —¡Ay!, pero qué bonito conejito, gris. El más bonito —¡Hum!, ya no quiero desfilar.

martes, 6 de marzo de 2018

Él escritor

Me conocen como Perro Rabioso, tengo 30 años. Nací un viernes a las 4:00 pm., en un lugar donde solo los de mi estrato social pueden nacer: un IMSS.
Me crie en el seno de una familia maravillosa. Mi madre con sus apenas 18 años y jalando de la mano a mi traviesa hermana, mi padre a sus 22 años y con el temple suficiente para sacarnos a flote. Nací en una familia de clase baja, migrante en su mismo país, las condiciones sociales los orillaron a dejar su lugar de origen para buscar el tan maravilloso Sueño de la Ciudad de México. Pero el sueño nos golpeó directo en la cara. Los primeros recuerdos que tengo de un hogar corresponden a un par de cuartos de ladrillo y lamina de asbesto; los pisos eran uniformes, y tenían protuberancias; no tengo recuerdos de libros, fueron cambiados por las majestuosas obras de Lágrimas y Risas. No recuerdo pinturas bonitas o de arte, nuestro único arte eran las caricaturas, mi predilecta Los Pitufos. No recuerdo música clásica o de trova, Los Tigres del Norte y Vicente Fernández acompañaron mi niñez. No nací junto al “arte”; no tendría por qué ser escritor.
Me llamo Everardo. Desde las palabras de mi padre: “es lo único que te voy a heredar, el nombre”, además me heredó un gusto endiablado por la lectura, una barba que me da personalidad y un gusto acérrimo por la caguama helada (aunque él lleve 29 años sin beber). De mi madre tengo el temple, el coraje, además de dos hermosos ojos cafés y una nariz “chata”. Nunca me llamó la atención la escuela, me gustaba más ser dicharachero, supongo que eso se lo heredé a alguno de mis abuelos, aunque los conocí muy poco, tan poco, que casi no tengo recuerdos de ellos.
Siempre viví en “zonas populares”, “barrios bravos”, “lugares donde no pasó Dios”, “en el culo del Diablo”. A veces me pregunto ¿por qué soy escritor? No viví en lugares que dieran pauta a una carrera como hacedor y creador de letras, mi mundo se centraba en la condición social que depuraba cualquier tipo o estilo de arte, en ese contexto eso no existe, el hambre no nos permite escribir, pensar, crear, admirar lo hermoso que otros hacen; las pocas fuerzas que tenemos no hacen que busquemos versos en el aire, nos hacen buscar comida, ganas de aferrarnos a la vida.
Gracias al siempre incansable Everardo padre, y a la siempre aguerrida Cristina madre; pude completar un par de estudios, secundaria y preparatoria, la condición no me permitía pensar en otra cosa, había conocido el alcohol, y poco a poco me aferraba más a él, como el medio preciso para olvidar un poco el ambiente maltrecho en el que nos encontrábamos. Ni siquiera pasaba por mi mente el ser escritor.
Ahora bien, cómo es que después de todo lo antes narrado, conseguí tener de pie por 19 números a una de las revistas de literatura más importantes de Iguala, Guerrero; cómo es que conseguí Dirigir dos editoriales (HíbridoS y Arista Editorial) y un fondo editorial (Fondo Editorial Guadalupe Posada); además de meter mis manos en mucho de lo que se ha publicado en los últimos 7 años en la Zona Norte de Guerrero; además de tener nueve publicaciones, tres de ellas como libros en forma. Ni yo lo sé, solo sé que pasó.
Y pasó de la mejor manera, sin que nadie me dijera qué camino tomar, sin que mis padres decidieran a base de lecturas forzadas, de música silenciosa, de pinturas inentendibles, meterme en el vasto mundillo del arte. Bastó con conocer algunos muchos escritores, adentrarme en la lectura, crear, tallerear, recibir críticas, ser menospreciado, apabullado, recibir burlas; todo eso bastó para poder conseguir lo que nunca anhelé, pero que construí a base de sueños y perseverancia, gracias a todo este trabajo conseguí convertirme en escritor.
Muchas veces con varias copas encima, traté de despegarme de ese sueño, arrojarlo por la ventana, dejarlo por la paz, no seguir creando, porque según yo, todo lo que hacía era malo. Intenté imitar a mis escritores predilectos, quizá no estaba utilizando la fórmula adecuada, así que el alcohol y los cigarrillos se multiplicaron mientras intentaba crear algún verso o alguna prosa; pero nada resultó como lo veía en mi mente expandida. No soy Bukowski y quizá no debería intentar ser escritor, me repetía sin cesar.
Lo único que produjo el cambio, fue ver mi realidad. No soy artista, no nací entre artistas, no se diferenciar la buena música de la mala música (escucho: ska, rock, reggae, rap, punk), no puedo apreciar una buena pintura (no veo la diferencia entre Picasso y Belin), no sé nada de danza (pero se bailar “No rompas más mi pobre corazón” y “Payaso de rodeo”), no sé qué es el arte. Quizá el problema radica en que creo que el arte es una madre que, a sus 18 años lidia con 2 pequeños niños, que ella no pidió tener; quizá arte es trabajar 16 horas de tu vida para poder llevar a casa algo de comer, quizá arte es dejar de comprarte unos pantalones, para poder llevar un pollo rostizado a casa; quizá arte es sentarte dos horas de tu tiempo libre con tu hijo de preparatoria para revisarle el cuaderno y con eso permitir que termine la prepa; quizá arte es mandarle 200 pesos a tu hijo para que pueda comer, aunque tú no comas ese día; quizá arte es sentarte a tomarte una taza de café con tus padres treinta años después, verlos con el gesto cansado, pero con los ojos brillantes llenos de felicidad, de saber que su hijo, es un gran escritor. Creo que todo eso es arte, y vale mucho la pena escribirlo.

domingo, 11 de febrero de 2018

Rabia

lee y vomita

Raro es
Adularte de esa manera
Baldrogas sin sentido exacto
Innatas desencadenan todo a su paso
Ahincó su dulzura contra este ser maltrecho:

Ra
     bi
         o
            so.