Tinta y Rabia

Tinta y Rabia

miércoles, 20 de junio de 2018

¡Ayuda!


—Señor. Señor, por favor, hágame caso señor. Señor, por favor, se lo ruego, necesito de su ayuda, no me puedo quedar aquí, tengo que ir a ayudar a mi hermano, señor, tantito, no le quito mucho tiempo.
Señor, ándale mire, ¿habla español?, ¿si me entiende pues? Señor, por favor, no me puedo quedar aquí, tengo que seguir mi camino, señor, ayúdeme.
Yo sé que me entiende, se le ven en los ojos que si entiende el español, como no si está de moreno igual que yo, a lo mejor hasta somos paisanos, debería de ayudarme señor, a salir, tengo que seguir mi camino. No se haga el que no me oye señor, tengo que ir rápido a buscar al mejor doctor del mundo. Todos sabemos que lo mejor esté en Estados Unidos y claro que ahí está el doctor que va a curar a mi abuelita, si bien que me lo dijo mi mamita la última vez que hablé con ella: “no se apure mijo, ahora que regrese voy a llevar al mejor doctor para que cure a Mama Juana”. Mama Juana es mi abuelita, es la que nos cuida a mi hermano y a mí, mi mamá se tuvo que venir a trabajar porque pues ya no nos alcanzaba, pobrecita ella solita trabaja; no tenemos papá.
Mi abuelita nada más un día amaneció mala, tose y tose. A cada rato iba al baño y pues la llevamos al seguro, ahí iba mi hermanito jalándola, ya se siente bien grande, dice que ya tiene ocho pero nomas tiene siete, el mes que entra ya cumple ocho, pero sigue teniendo siete. Es bien atrabancado, si por él andamos por acá.
Pues mi abuelita estaba mala, pero ya en la clínica le daban medicinas, nos dijeron que eran para mantenerla, pero que no la iba a curar, que lo que Mama Juana tiene solo se curaba en los yunais, ahí con el mejor doctor del mundo. Cuando habló mi mamá le dije que teníamos que llevar a Mamá Juana, pero me dijo que no me preocupara pues, que ella llevaría al mejor doctor del mundo para que curara a mi abuelita, y pues bueno, ya me quedé más o menos tranquilo.
Pero nada más de repente mi mamá dejó de hablar, ya no nos habló, y mi abuelita bien enferma, cada día se veía más y más enferma, como que poco a poco se nos estaba muriendo. Nos fuimos quedando sin dinero, tuvimos que salir a pedir a la calle, para comer un poquito, pero verdad señor que no nos importaba comer, lo que queríamos era curar a mi abuelita, llevarla al otro lado a que la curaran o ir y traer al doctor; y pues así cómo estaba de enferma seguro no aguantaría el viaje. Mi hermano agarró unas cosas y me dijo: “amonos”; y yo, pues yo nada más lo seguí señor.
Nos aventuramos, nos salimos a caminar y a ver cómo llegar al gabacho. No, si le contara todo lo que vimos, yo creo que ni me creía. Primero nos encontramos con la mara, dos que tres nos pegaron, pero creo que nos vieron bien chiquitos, y ya nos dejaron, se quedaron burlándose pero ya no nos hicieron nada. Nos tocó ver como se caían las gentes del tren, como se robaban sus cosas. Una vez un mara aventó a un paisano de la bestia, nomás porque no le quiso compartir de su agua. Yo nada más me agachaba, y abrazaba a mi hermano, sacaba una foto de mi mamita y le rezaba a Diosito para que me nos diera fuerza. Por eso ayúdenme señor, tengo que salir ya, tengo que encontrar a ese doctor.
Lo más feo fue pasar por México, ahí todos te quieren hacer algo. Que bájate los calzones, que qué traes, que llévale esto a no sé quién, que qué me estás viendo, que jálale, que móchate, que cáete; nada más me acuerdo y se enchina la piel. Hay señor si le contara lo que nos pasó cuando pasamos por México, creo que nunca lo voy a olvidar. Pero no le hace, tengo que encontrar al mejor doctor del mundo y llevarlo a que cure a mi abuelita.
Ya cuando llegamos a la frontera, pues la verdad si veníamos bien cansados, con muchísima sed y harta hambre. Yo le dije que nos esperáramos un día, a ver si conseguíamos algo de comer, pero no me hizo caso, ya quería llegar, ya quería pasar, quería encontrar a mamá, quería encontrar al médico.
Yo creo que por chiquitos nadie nos hacía caso, nadie nos decía nada, solo nos veían así como raro, nos veían y seguían caminando, yo ni sabía por dónde pasar, ni como le teníamos que hacer, nomás veíamos la cercota bien grandota. Con razón nadie quiere regresar, pues les ha de cosatr mucho meterse y después salir, con esa cerca es bien difícil pues. Nada más veíamos el rio y la cerca, no había manera para pasar, no teníamos por donde pasar pues, no sabía ni que hacer, se supone que yo soy el más mayor; mi hermano pobrecito nada más me veía, como que me quería preguntar algo, pero no me dijo nada, ya no lo escuché.
Es como si hubiéramos quedado de acuerdo, nos agarramos de la mano y nos metimos al río. Sabemos nada bien, pero este río es bravo pues. Ay señor tengo que salir de aquí, ayúdeme, yo sé que usted puede ayudarme. Ni nos quitamos la playera, así como íbamos nos metimos, íbamos bien, me cae que íbamos bien, nosotros sabemos nadar, pero el río es engañoso pues. Nos empezó a revolcar a revolver, yo agarré con más fuerzas a mi hermano, me cae que le puse todas mis fuerzas señor, todas las que tenía, pero no fueron suficientes. Se me soltó, lo solté, ya ni sé, no sé qué pasó señor, no sé qué pasó.
El rio me aventó pa fuera, había tragado mucha agua y estaba tose y tose, comencé a gritar “Ernesto, on tas Ernesto”, no lo veía, en el rio no se veía nada señor, lo estaba busque y busque y nada, no lo encontré, no se veía nada, de seguro salió por otro lado, ese rio es bravo, bien bravo. Yo seguía buscando hasta que alguien me agarró por el hombre, no sé ni que me dijo, pero yo le decía que me ayudara a buscar a mi hermano, “not speck english”, mi hermano señor, mi hermano. Me jaló, y me subió a una camioneta donde iba ya mucha gente y pues. Pues aquí estoy.
Pero señor, usted me puede ayudar, yo sé que usted puede, ayúdeme a salirme, tengo que buscar al doctor, a mi mamá, a mi hermano, no me voy a portar mal, solo tengo que encontrarlos y me regreso, yo no me quiero quedar, nada más vine por ellos, ayúdeme señor por favor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario