Tinta y Rabia

Tinta y Rabia

sábado, 20 de octubre de 2018

Frío


Un silbido, cruza el pueblo,
y se ve, un jinete,
que se marcha, con el viento,
mientras grita, que no va a volver.
En algún lugar – Duncan Dhu


Apá, tengo frio.
Aguanta mijo, ya falta más poquito, ya casi llegamos.
Apá, hace mucho frio.
Mijo, ya merito vamos a llegar, espérate un poquito. Mira, toma, ponte mi chamarra, nomás dóblale las mangas pa que no te estorben, tienes que poder moverte rápido, por si las moscas.
Pero apá, ¿Usted no tiene frio?
No mijo, yo estoy fuerte, todavía aguanto un poquito más, póntela mientras y ya cuando se te pase el frio me la regresas.
Si apá.
Nomás aguanta otro poquito mijo.
Apá, ¿y por qué caminamos tanto?, ¿qué andamos buscando?
Andamos buscando un mejor futuro para ti y tus hermanos, un lugar donde brille más el sol y donde haya trabajo pa mí y pa tu amá; y pus un lugar donde haya una escuela más mejor pa ti. Yo sé que tú eres inteligente y que allá vas a llegar a ser un hombre de bien, pa eso vamos.
Apá, tengo frio.
Aguanta otro poquito mijo, ya casi llegamos.
Ya me quiero regresar apá, ya caminamos y caminamos y no llegamos a ningún lado, mejor hay que regresarnos apá, allá donde vamos nadie nos espera.
Aguanta un poquito por favor mijo, ya casi llegamos.
Pero tengo frio. Ya no quiero ir.
Mira mijo, ya se empiezan a ver las luces. Eso blanco que se ve hasta allá son las luces, segurito allá está la ciudad, seguro que ya llegando ahí ya encontramos que comer y algo de agua, y pues quien quita y encontramos una cama calientita, pa que te puedas dormir bien calientito, cómo cuando nos dormíamos los cinco juntos, ¿si te acuerdas no?
Apá, tengo frio.
Mijo, por favor, ya casi llegamos, aguanta un poquito más, acá no nos podemos quedar, ya en la noche salen hartos animales bien feos, y pues no queremos que nos pique uno y ya nos quedemos todos tiesos por acá, nomás aguanta otro poquito, y ya te vas a poder dormir bien calientito. No quieres que nos vaya a pasar como al compadre Chon ¿verdad?, que se durmió un poquito y lo picó la culebra, no mejor vamos a seguir caminando. Ya vez lo que dice la abuelita, que si los bichos oyen ruido se van, porque son bien miedosos, entonces si seguimos caminando segurito se van, segurito no nos pican.
Apá, tengo mucho sueño.
No mijo, eso si que no, no te me vayas a quedar dormido. Pela bien los ojotes, no vayas a dejar que se te cierren. ¡No te vayas a dormir cabrón!, eso si que no. Ponte a cantar, ándale mijo, cántame esa canción que cantabas siempre en las noches, ándale cántamela.
No, apá, tengo frío.
Ándale mijo, cántala, no te duermas, que no se te cierren los ojitos, ándale mijo, ya casi llegamos. Mira las lucezotas, ya se alcanza a ver la ciudad, ya casi llegamos y vas a estar bien calientito, no te vayas a dormir mijito, por favor corazón, no te duermas papacito.
Apá, tengo harto frío.
-Ven mijo, te voy a cargar. A ver si te puedo calentar un poquito con mi cuerpo, voy a tratar de caminar al mismo paso, pero ya estoy muy cansado, pero voy a tratar. Ven mijo, acurrúcate acá en mi pecho, mete tus manitas a mi espalda, abrázate bien. No te me vayas a dormir mijo, tú no por favor. Ya vamos a llegar, ya nomás como media hora de camino y llegamos, ya falta bien poquito.
Apá, tienes bien fría tu espalda.
Ay mijo, tu mete tus manitas. Ya casi llegamos y vas a ver que nos vamos a comer una hamburguesa, una coca pa ti solo. Vamos a comprarte un Transformers, el Superman; vas a ver que vas a entrar a la escuela y vas a tener muchos amigos, y cuando regresemos al pueblo vas a ser un muchacho de bien que va a ayudar a todos los del pueblo. Nomás echale un poquito más de ganas, que ya casi llegamos, ya nomás nos falta bien poquito.
Apá, tengo mucho frio, mucho sueño.
-No te me vayas a dormir, por favor mijo, nomás te pido que no te me duermas, por favor mijito chulo, no te me vayas a domir mijito, nomás no te me duermas mijo. ¿Mijo? ¿Mijito? ¿Corazón? ¿Mijo? ¿Juanito? Despiértate por favor papá ¿Mijo? ¿Mijo? ¿Mijo?...

miércoles, 17 de octubre de 2018

Olor


Viernes, medio día, metro de la Ciudad de México, línea azul, estación zócalo, dirección cuatro caminos.
Imaginen ese olor.
Venía de la catedral y el camino más corto para llegar a mi destino era el metro. Muchos se quejan del metro, pero creo que es uno de los transportes más eficientes de la ciudad, además de que puedes ver el rehilete de culturas y formas que construyen la mexicanidad.
-Próxima estación: Allende.
De pronto siento una mirada, una niña me observa detenidamente. Nuestros ojos se encuentran y se mimetizan, se quedan inmóviles por un lapso minúsculo de tiempo. La niña extiende su mano, como si quisiera tocarme, sonrío, le sonrío, la niña llora.
-Próxima estación: Bellas Artes, transbordo con línea 8, dirección: Garibaldi/Lagunilla-Constitución de 1917.
La madre trata de calmar a la niña, entre sollozos me mira y llora con más fuerza, presiento que tengo que cambiar de puesto, la niña comienza a sospechar.
-Próxima estación: Hidalgo, transbordo con línea 3, dirección: Indios verdes Universidad.
La avalancha me guía hasta una de las esquinas del vagón, a mi lado una anciana desdentada, se acerca un poco más a mí, miro como sus fosas nasales se abren poco a poco, miro como jalan aire y perciben mi olor, frunce el ceño. Trato de moverme y alejarme de ella, pero es imposible, hay mucha gente. La señora levanta los ojos y mira mis cuencas. Creo que sonríe, una sonrisa casi imperceptible entre ese mar de arrugas.
-Próxima estación: Revolución.
El vagón poco a poco se despeja, la señora ya no me mira, se pierde entre pensamientos. Parece que al mirarme se ha acordado de algo o de alguien, porque da leves suspiros mientras mete las manos en las bolsas de su mandil. Me acerco a ella y susurrándole al oído le digo que le quedan pocos días para encontrarse con él. Sonríe una última vez, me mira y me pregunta si bajo a la siguiente. Niego con la cabeza mientras miro cómo se dirige a la puerta del vagón.
-Próxima estación: San Cosme.
“Si mire, buenas tardes, no es mi afán ofenderlo, solo vengo ganándome una moneda. Si mire, me salí de mi casa cuando era un morrito y desde entonces no tengo dónde vivir, por eso ando acá, rifándome el físico, espero no ofenderlos con mi acto y si tienen una moneda que no afecte su economía, agua, alguna fruta o comida, será bien recibida. Muchas gracias y que llegue con bien a su destino”. Acto seguido el joven esquelético toma una playera y la deja caer al piso, en ella hay cientos de vidrios de diferentes tamaños. Deja caer su frágil cuerpo en varias ocasiones, pero no le sale sangre. Todos fingen no mirarlo.
Tomo un pan traido de la ofrenda, pero se desvanece en sus manos. Un par de años más, le digo mientras miro como su rostro se transfigura con el horror.
-Próxima estación: Colegio Militar.
Cuando las puertas se abren, entra el olor a sangre.
-Próxima estación: Popotla.
Voy en la esquina del vagón, cuando se abrieron las puertas un olor a muerto se hizo presente. Busqué por todos lados, para ver de dónde venía ese funesto olor, una chica cabeceaba mientras una señora la miraba con ternura. La miré fijamente hasta que volteo, al instante me di cuenta de que no pertenecía a este mundo. No se le ve color en los ojos, se miran opacos. Moví la cabeza para mirarla mejor, ella hizo lo mismo, me hizo un gesto de complicidad y comprendí que guiaba a la joven en este molesto trajín cotidiano, moví la cabeza negativamente. Nos habíamos dado cuenta de todo.
-Próxima estación: Cuitláhuac.
La joven se levanta y camina hacía la puerta. El olor a muerto es cada vez más pesado, huele como flores que poco a poco se pudren en un cántaro con agua, huele a basura acumulada, huele a desesperación, huele a olvido.
La mujer camina un poco, hasta la puerta. Sabe que la miro, tiene que seguir el curso, tiene que seguir su camino, tiene que dejarla ir.
-Próxima estación: Tacuba, transbordo con línea 7, dirección Barranca del Muerto-El Rosario.
El olor a muerto se incrusta en mi ser, inunda el vagón, pero parece que nadie lo percibe, es como si se hubieran acostumbrado a ese olor a muerto, a muerte. Miro a todos lados, mujeres, hombres, niños, niñas, ancianas, ansíanos, jóvenes; nadie se mira entre sí. Finjo no mirarlos. Cada vez que miro a alguien, en sus ojos aparece una fecha de caducidad, una fecha de muerte. Miro por dos segundos a la mujer que huele a muerto. Sus ojos marcan cero, lo supuse, igual que los míos. “Disculpa, bajas a la siguiente”, “si”.
-Próxima estación: Panteones.

lunes, 15 de octubre de 2018

Oficina de milagros

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Hacemos todo tipo de milagros: De amor, de salud, de ocio, de religión, de amarres, de la escuela.

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viernes, 12 de octubre de 2018

La conquista

El que escribe, Konetl Tenkutli, bautizado de esta manera por ser el hijo del jefe de la provincia de Castilla, antes llamado Don Juan de Vizcaína y Sigüenza, redacta la siguiente carta, como un testimonio fiel de las últimas reminiscencias de su vida como ibérico, español consumado, y deja una crónica fiel de lo que fueron sus últimos días, antes de que le sacaran el corazón en la gran pirámide de Huitzilopochtli, erigida sobre el templo de San José; tomado como ofrenda gracias a su fuerza y valentía en el campo de batalla.


Año Yei Calli, día Nahui Cuauhtli, de la veintena Hueytecuilhuitl
(13 de agosto de 1521)


Konetl Tenkutli
(Don Juan de Vizcaína y Sigüenza)


Me llamo Juan, me llamaba Juan, antes de que los demonios color tierra aparecieran en nuestras costas, ahora me conocen como Konetl. Después de que se apoderaron de todo, nos impusieron muchas de sus formas de vida, entre ellas los nombres.
Fue en el año Matlactliomei Técpatl, que nosotros conocemos como 1492, cuando una flota con tres canoas, seguidas de cientos de balsas, arribaron a las costas de Cádiz, en ella venían hombres vestidos con mantas y pocas ropas. Los provincianos asumieron que eran personas venidas de climas más amables y tropicales; su líder se hacía llamar Moctezuma, y hablaba de que había llegado al nuevo mundo.
Se comunicaban en una lengua extraña, parecía que hablaban con el paladar, eso fue lo que nos dijo Don Fernando de Cádiz, cuando escribió para avisarnos de la llegada de estas personas extrañas. De primera fuente, nos dijo que solo estaban observando y que se esmeraban en comprender la forma en que vivíamos, nuestras tradiciones y comida. Trajeron algo que para nosotros resultaba un tanto inservible, le llamaban obsidiana, una piedra preciosa que les cambiamos por telas, y animales. Esa primera llegada nos exaltó un poco, pero no supusimos mayor problema, ya que al poco tiempo se fueron. Nunca habíamos tenido contacto con alguna otra persona que no fueran similar a nosotros, ese choque con estos seres nos impactó.
Recibimos dos visitas más de Moctezuma, siempre traía nuevas cosas. En uno de sus viajes trajo algo que le decían penacho, que era una especie de tocado para el cabello usado por los líderes. Venían más y más personas a conocernos y nos sentíamos halagados, porque estas personas desconocidas, sentían un cierto interés en nosotros, era como si quisieran aprender lo más que pudieran. Alguno de los nuestros me dijo alguna vez que estaban preparando una conquista, pero no le creí, aun en estos momentos sigo sin creerlo.
En el año de 1519 pasó lo que no nos esperábamos, pero que profetizaron años antes. A la bahía de Cádiz arribó una canoa y cientos de balsas, cargadas con los demonios color tierra, cientos de hombres que bajaron y se maravillaron con las riquezas que suponía nuestra madre España. El líder se presentó, nos dijo en su lengua que se llamaba Cuauhtémoc y que venía a reclamar esta tierra como parte del imperio Mexica.
Pensando que solo era una treta, les dimos un muy buen recibimiento, incluso al líder le obsequiamos a una de nuestras doncellas María -a la que bautizaron como Malintzi-, como muestra de amistad. Los aztecas parecían complacidos y maravillados con lo que veían sus ojos. Algunos devotos de la iglesia asumían que Cuauhtémoc era la reencarnación de Cristo, y no faltó quien dijera que lo vieron caminar sobre las aguas. Algunos decían que bastaba con un movimiento de su brazo para hacer temblar a la tierra.
El hijo de Don Fernando de Cádiz nos dio el aviso de que estas personas parecían hostiles, de hecho, los bautizó con el nombre de los demonios color tierra. Nos habló de especies de armas negras, cuchillos, lanzas, arcos y flechas, además de perros sin ningún pelo y que sacaban fuego por sus fauces.
La comitiva azteca llegó al Reino de Sevilla, inmediatamente nos dimos cuenta del poderío azteca, la mayoría de los sevillanos fueron masacrados de una manera atroz, no tenían como defenderse, parecía que nuestras balas rebotaban en sus fuertes cuerpos. Bastaba un movimiento certero con sus puñales de obsidiana para cortar de tajo brazos, piernas, torsos y cabezas. La conquista se comenzaba a gestar.
El siguiente en caer fue el Reino de Córdova, los cordobeses se dieron por vencidos apenas vieron el imponente ejercito azteca acercarse. Era como ver demonios, escribió uno de los comandantes -como aviso al Rey Carlos I-, son inmortales. Cuando los mexicas lograban apoderarse de un reino, lo primero que hacían era dejar a uno de sus guerreros águila o jaguar, destruir nuestras iglesias, montar pirámides y ofrecer un sinfín de corazones y cuerpos humanos, como ofrenda a sus dioses; se aterraban de nuestras creencias y no podían concebir que solo adoráramos a un dios, un dios que para ellos era pagano.
El ejército de Cuauhtémoc siguió su camino, pudo llegar sin contratiempos al Reino de León, Joán, Valencia y Aragón, donde entablaron alianzas con los lideres de todos estos puntos, por algún motivo tenían algo contra la comitiva del Rey Carlos I, y la mejor manera de vengarse era uniendo fuerzas con el ejercito mexica, que cada vez se veía con más fuerza.
Así pues, y como esperando lo inevitable, en 1520, La Corona de Castilla y el Imperio Español, comandado por Carlos I, abrieron las puertas del reino a Cuauhtémoc, quien, quedó maravillado con la arquitectura, y pidió a Carlos I, hospitalidad para sus guerreros y los aliados; Carlos I aceptó, y a todo el ejercito de Cuauhtémoc se le alimentó y se le dio de beber por varios días, aprovechando esta situación para que, cuando se celebró el carnaval, en donde la mayoría de soldados y aristocracia española participaba, atacarlos de manera sorpresiva, lo que originó una de las mayores masacres, que guardará la historia.
Estos hechos desencadenaron una serie de batallas entre el ejército de España y el ejercito de Cuauhtémoc, la invasión estaba en su apogeo, lo único que podíamos hacer era resistir, resistir y repeler los embates de los demonios color tierra, hasta que nueve meses después de la gran masacre de Castilla, con miles de bajas, población enferma y un rey que poco a poco descendía de su poder. No quedó nada más que rendirnos y entregar España a los poderosos Aztecas, misma que fue bautizada casi al instante como La Nueva Gran Tenochtitlan.
Carlos I, fue apresado, lo torturaron por tres días, quemándoles los pies, tratando de que confesara sobre el gran tesoro de Fernando de Aragón, nunca dijo una palabra. Lo colgaron frente al castillo derrumbado, como muestra de que nuestro Reino había caído.
Escribo esto, como un testimonio de lo que ha pasado, no se cual será mi destino. Cientos de soldados que cayeron junto conmigo, han servido para alimentar el apetito de Tonatiuh, su gran Dios del Sol, supongo que mi castigo será igual. Solo rezo, le pido a Jesús, que me de las fuerzas necesarias para aguantar este suplicio y que no me deje ver, como nuestro gran reino se ha convertido en cenizas.

domingo, 7 de octubre de 2018

Decisión

Y bueno, al fin estamos acá, los dos frente al juez.
          Viéndonos a los ojos, con el nerviosismo que no se puede ocultar, con las gotas de sudor que caen sobre nuestras frentes. Los testigos nos miran aturdidos, de vez en vez tragan saliva. En el ambiente se siente una bruma pesada, la misma que se extingue cuando el juez lanza la sentencia.
          -Señor, ¿acepta?
          -Acepto.
          -Señora, ¿acepta?
          -Acepto.
      Nos miramos a los ojos, tratamos de sonreír pero no podemos, es como si nos hubiéramos congelado viendo la quietud del otro. Por dos segundos creo que puede ser una buena idea tomarte de las manos, pero me detengo casi al instante. Se hace un silencio incomodo, casi perpetuo, se pueden escuchar los corazones latiendo a un mismo compás. Tengo que decir o hacer algo, pienso mientras miro como la incomodidad se apodera de los asistentes, tengo las palabras precisas, adecuadas, están por salir cuando de pronto el juez rompa con la quietud del ambiente.
         -Pues bien señores, lo último que tiene que hacer es firmar y quedarán oficialmente divorciados.

jueves, 4 de octubre de 2018

Locos

Un día Josue se levantó un poco molesto, había tenido un sueño raro, donde alguien le decía que no tenía cultura, que nada lo representaba. Al abrir los ojos trató de buscar en su casa algo que lo identificara, algo que le dijera que tenía que cultura, que era parte de algo; pero no encontró nada; solo un mosquito solitario que deambulaba por su oído, como queriéndose hacer notar. Josue se percató que tenía toda la barriga repleta de sangre, había olvidado prender el ventilador, poner el pabellón y prender el raidolito.
          Se levantó apresurado y pensó en preguntarle a su mamá qué que significaba para ella ser igualteca, quería ver si ella podría responder la pregunta que tanto le aquejaba; pero al llegar a la cocina se molestó una vez más, de nuevo picada de papa para almorzar. Prefiero salir y buscar alguna respuesta.
          Las calles se le hicieron minúsculas, más aún con un solo sentido, que gracia que en las calles los autos se dirijan a un solo lado. Por un momento recordó a sus amigos, quienes alguna vez le dijeron que en Iguala nadie se puede perder "nomás te vas todo derecho, en cualquier calle y vas a llegar al centro". Una explicación razonable se dijo mientras llegaba al centro, sonrió de la nada.
          Caminó alrededor del centro, subió al kiosco, lo vio maquillado con todas esas frases que en algún momento alguien colocó ahí, para decirle algo al mundo. Recordó como fue su primer beso una tarde calurosa de octubre, cuando el cielo pardeaba y por fin la chica de sus sueños había decidido salir con él. Pensó que si quizá le hubiera dado agua de la tamarinda ella seguiría con él. Recuerdos que llegaban a su mente, mientras se tomaba una nieve y escuchaba como la campana de San Francisco repicaba una canción popular.
          Se adentró por la calles hasta llegar a la Plaza de las Tres Garantías, mientras miraba con extrañeza el Monumento a la Bandera, la derrumbada ESPI y la rescatada Pérgola, figuras que hacían de Iguala, un lugar emblematico.
          Dio dos vueltas sobre su eje, viendo el cielo más azul que pueda existir, sintiendo como el calor abrasador lo hacía sudar a chorros. Miró fijo a la bandera mexicana que adorna imperturbable el cerro de Iguala, nunca la había visto tan imponente. Sonrió una última vez antes de regresar a casa.
          Al llegar se dijo a si mismo que hay que estar loco para vivir en Iguala, y él creía que estaba un poco loco.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Amor a primera vista

Llegué hasta la casa con los ojos llenos de lágrimas, mi madre al mirarme se extrañó y me preguntó qué qué pasaba. Antes de responder le pregunté que si ella creía en el amor a primera vista, cuestionó el por qué de mi pregunta, así que tuve que contarle toda la historia.
          El mensaje fue tajante: "Tenemos que hablar". Ya sospechaba lo que se avecinaba, como una tormenta que poco se acerca a ti para destruirte. Pensé que esas tres palabras eran un invento de la sociedad, una especie de leyenda urbana, para afrontar el dolor y la perdida de las relaciones afectivas que se pueden cruzar por el camino. Pero ahí estaba yo, mirando fijamente el celular, leyendo y releyendo esas tres palabras, como si tratara de descifrar un mensaje oculto, como si quisiera desentramar el hilo oculto de esas trágicas palabras.
          Atiné a contestar con un mimético: "Voy a tu casa". Cuando oprimí el botón de enviar pensé en cuales serían mis argumentos para tratar de que el rompimiento no fuera la conclusión o el resumen de esas tres palabras malditas. Ensayé los hartos conocidos: "Estaba borracho", "te juro que no es lo que parece", "sólo fue un beso", "pero a quien amo es a ti" y el famosisimo "te prometo que voy a cambiar". Sin embargo, ninguno me convenció en ese momento, y es que ni siquiera sabía por que me iban a terminar. El mensaje fue tajante, la invitación para hablar de algo, obvio de nuestra ruptura, pero no tenía ni idea del porque pasaría eso. Deberían de hacer un anexo detallado, en donde expliquen punto por punto, el porque de esa decisión, digo, así podríamos prepararnos con buenos argumentos, antes de "hablar".
          Toqué la puerta de manera constante hasta que ella apareció, lucía hermosa, hace tiempo que no la veía así de bella. Al mirarme agachó la mirada y me impidió el paso, fruncí el ceño y pregunté que estaba pasando, qué de qué quería que habláramos. Se mordió el labio inferior e inmediatamente miró hacía adentro, como si buscara algo, alguien, alguna respuesta. Me miró a los ojos por escasos segundos, tomó todo el aire que pudo y sin chistar me dijo: "ya no te amo". Mil cubetas de agua fría cayeron sobre mi, creo que lo mejor hubiera sido marcharme de una vez, antes de que dijera algo más, pero estaba congelado. Mientras trataba de superar el sopor, tomó aire y como si tuviera todo un discurso preparado me dijo: "Mira, me gustas, me la pasó muy bien contigo, pero ya no es lo mismo, se ha perdido como la chispa, no sé, es algo raro, no sé, no te lo podría explicar. Cuando te vi me gustaste mucho y supe que quería andar contigo, pero nunca terminó de convencerme lo que teníamos, no sé, era raro, cómo que nunca pude enamorarme de ti. Pero cuando vi a Ulises, supe que quería estar con él, cómo te lo explico, fue como amor a primera vista". ¿Qué es el amor a primera vista?
          Dice mi mamá que cuando nací se paró el tiempo, que sus pupilas me recorrieron de pies a cabeza, no sabía que sentir, verme tan quieto, tan calmado, tan frágil. Me dijo que ella no había sentido nada igual en su vida, llevarme por nueve meses dentro de ella, para que una tarde calurosa de noviembre decidiera salir de su ser. Recorrer con su mirada mi pequeño cuerpo fue lo más profundo que ha hecho. Dice que no sabe que es el amor a primera vista, pero sabe lo que es amar a primera vista.

martes, 2 de octubre de 2018

Dos octubres

Carlos despierta y siente el sabor a metal en la boca, revisa su almohada y se da cuenta que hay gotas de sangre desperdigadas sobre la almohada. Recuerda los momentos del día anterior, pero no se inmuta, solo siente un leve cosquilleo en el estomago; es la rabia contenida, se dice para si mismo, mientras tira las cobijas y se dirige al baño.
          Se lava los dientes mientras se observa el golpe que tiene en la boca. Mira su cabello anudado por la sangre seca, mira su barba sin rasurar. Han sido días exhaustos, pesados. Tose y sale un flema verdosa con manchas color marrón, Carlos la mira mientras piensa en toda la sangre que tienen que lavar; marrón, con manchas verdosas.
          Entra a la regadera, abre el agua fría, aun tiene la sangre caliente. No siente como las gotas de agua se incrustan en su cuerpo, no puede pensar con claridad. Aun siente la rabia en la boca del estómago, siente como le llega a la cabeza, como punzadas que no se detendrán en los últimos 50 años.
          "El azul te sienta bien, realza el color de tu piel", le dice su esposa, mientras lo mira nerviosa. Carlos gruñe, se acerca a ella y le da un beso frío en la frente; la mira a los ojos por dos segundos, no recuerda porque se casó con ella, sigue sin recordarlo.
         En la calle el sol se aprecia a lo lejos, los primeros rayos comienzan a bañar la ciudad. El ambiente se siente pesado, tenso, denso. Como si cientos de almas deambularan errantes por la laberíntica Ciudad de México. Carlos siente ganas de llorar, las caras de todas esas personas llegan a su mente, el recuerdo del golpe que lo dejó fuera de combate y las botas pisando el contorno de su cuerpo, los guantes blancos y las bengalas que regresaban la luz a ese cielo opaco.
          Llega a la Plaza de las Tres Culturas a las seis de la mañana, piensa que debe de haber mucha sangre por limpiar. La plaza amaneció barrida, recuerda Carlos cada 2 de octubre. Aún 50 años después, sigue sintiendo la rabia llegando a la boca de su estómago.