Las
dos de la tarde,
cuatro
azotes,
ocho
niños riendo y señalándome,
dieciséis
cuadras que corrí sin descanso,
treinta
y dos perros aullando, corriendo tras de mí,
sesenta
y cuatro piernas que me enrollan con dulzura,
ciento
veintiocho monedas que ruedan en el piso,
doscientos
cincuenta y seis vagabundos peleando por un trozo de pan,
quinientos
doce pasos para arrancar tu estúpida sonrisa,
un
Gb de información que desencadena una nueva tragedia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario