Tinta y Rabia

Tinta y Rabia

viernes, 26 de abril de 2013

La increíble, desfachatada y demente historia del policía que nunca quiso ser policía

Ésto es un híbrido que toma ideas de los escritores que han pasado por mis oídos,  no se si llamarlo tributo o parodia, ustedes decidan. Todo realizado con mucho cariño...

Rodimiro Guzmán vivía muy cerca de Pueblo Quieto, ahí no pasaba nada, siempre tenía la mirada perdida entre él y el horizonte que lo separaba de su desgracia. Juan José Perales, su compadre y amigo le aconsejaba que hiciera algo, que siempre se la pasara como pendejo, pero Rodimiro no hacía caso, todos los días se perdía en ese horizonte perfecto.
En Pueblo Quieto no pasaba nada porque nadie quería ver nada, masacres, levantados, muertos, asaltos, violaciones, vejaciones y para colmo una asesina serial que había comenzado matando animales, después a su niñera, a su familia y ahora ya había 15 muertos con el mismo rictus salvaje, pero de algo estaba seguro el Perales, que necesitaban un policía.
La madre de Rodimiro le servía la cena en el preciso momento que el Perales apareció, la madre lo vio y le sirvió un plato grande de frijoles,  que José agradeció, estaban cómodamente sentados cuando escucharon unos disparos, un grito sordo –órale compadre agáchese que nos van a reventar- mil disparos más, mil cuerpos perforados, Rodimiro lloraba fríamente, salió de su casa, el olor a sangre lo hizo vomitar, vomitaba mientras veía el horizonte de la desesperación, en el principio del final.
Pueblo Quieto tenía un olor a tierra mojada combinado con sangre, esto era de esperarse, Rodimiro salió de su casa con la velocidad de una serpiente, serpiente viento, mujer serpiente, viento omnipresente que se rige en los momentos precisos de tu boca, tu dulce boca, fría boca, dulce boca; viendo el horizonte perfecto, Rodimiro había tomado una decisión, salir de Pueblo Quieto para dirigirse a Ciudad Peligro, miro vagamente la luna en toda su resplandeciente omnipresencia y lloro por sus muertos una vez más.
Entró a su casa, buscó a su abuela, no la veía por ningún lugar, solo escuchaba una respiración jadeante que venía de la cocina, se acercó sigilosamente y lo que vio lo lleno de repugnancia, ahí estaba el Perales y su abuela totalmente desnudos, ella tomaba su pene y se lo metía violentamente en su orificio anal, él le apretaba los senos caídos con vehemencia, mientras sus lenguas se conjugaban en un rito grotesco, Rodimiro no dijo nada, no era nadie para decir nada, se sentó y esperó.
No sabe cuánto tiempo esperó, pero cuando abrió los ojos no se escuchaba nada, se dirigió a la cocina solo para encontrar a su abuela abierta en canal, puesta ceremoniosamente en la mesa del centro, sus vísceras estaban esparcidas por el suelo y su corazón en una olla hirviendo, su cabeza estaba totalmente destrozada y sus ojos fuera de órbita, Rodimiro la miró, sonrió y el llanto comenzó a  brotar, lo había decidió el sería el primer policía en Pueblo Quieto.
A pasado casí un año de estó, solo la asesina psicótica serial fue brutalmente abatida, de ahí en fuera todo sigue igual, lo único que hace la diferencia es ver a Rodimiro con su flamante uniforme de policía violando al Perales cada luna llena.

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