Ésto es un híbrido que toma ideas de los escritores que han pasado por mis oídos, no se si llamarlo tributo o parodia, ustedes decidan. Todo realizado con mucho cariño...
Rodimiro
Guzmán vivía muy cerca de Pueblo Quieto, ahí no pasaba nada, siempre tenía la
mirada perdida entre él y el horizonte que lo separaba de su desgracia. Juan
José Perales, su compadre y amigo le aconsejaba que hiciera algo, que siempre
se la pasara como pendejo, pero Rodimiro no hacía caso, todos los días se perdía
en ese horizonte perfecto.
En
Pueblo Quieto no pasaba nada porque nadie quería ver nada, masacres,
levantados, muertos, asaltos, violaciones, vejaciones y para colmo una asesina
serial que había comenzado matando animales, después a su niñera, a su familia
y ahora ya había 15 muertos con el mismo rictus salvaje, pero de algo estaba
seguro el Perales, que necesitaban un policía.
La
madre de Rodimiro le servía la cena en el preciso momento que el Perales apareció,
la madre lo vio y le sirvió un plato grande de frijoles, que José agradeció, estaban cómodamente sentados
cuando escucharon unos disparos, un grito sordo –órale compadre agáchese que
nos van a reventar- mil disparos más, mil cuerpos perforados, Rodimiro lloraba fríamente,
salió de su casa, el olor a sangre lo hizo vomitar, vomitaba mientras veía el
horizonte de la desesperación, en el principio del final.
Pueblo
Quieto tenía un olor a tierra mojada combinado con sangre, esto era de
esperarse, Rodimiro salió de su casa con la velocidad de una serpiente, serpiente
viento, mujer serpiente, viento omnipresente que se rige en los momentos
precisos de tu boca, tu dulce boca, fría boca, dulce boca; viendo el horizonte
perfecto, Rodimiro había tomado una decisión, salir de Pueblo Quieto para
dirigirse a Ciudad Peligro, miro vagamente la luna en toda su resplandeciente
omnipresencia y lloro por sus muertos una vez más.
Entró
a su casa, buscó a su abuela, no la veía por ningún lugar, solo escuchaba una respiración
jadeante que venía de la cocina, se acercó sigilosamente y lo que vio lo lleno
de repugnancia, ahí estaba el Perales y su abuela totalmente desnudos, ella
tomaba su pene y se lo metía violentamente en su orificio anal, él le apretaba
los senos caídos con vehemencia, mientras sus lenguas se conjugaban en un rito
grotesco, Rodimiro no dijo nada, no era nadie para decir nada, se sentó y
esperó.
No
sabe cuánto tiempo esperó, pero cuando abrió los ojos no se escuchaba nada, se dirigió
a la cocina solo para encontrar a su abuela abierta en canal, puesta
ceremoniosamente en la mesa del centro, sus vísceras estaban esparcidas por el
suelo y su corazón en una olla hirviendo, su cabeza estaba totalmente
destrozada y sus ojos fuera de órbita, Rodimiro la miró, sonrió y el llanto comenzó
a brotar, lo había decidió el sería el
primer policía en Pueblo Quieto.
A pasado casí un año de estó, solo la asesina psicótica
serial fue brutalmente abatida, de ahí en fuera todo sigue igual, lo único que
hace la diferencia es ver a Rodimiro con su flamante uniforme de policía violando
al Perales cada luna llena.