El sonido estridente del auto impactándose contra mi bestia motorizada mi hiso quedar helado del miedo en mi pequeño asiento, los movimientos a mi alrededor fueron pasando lenta, pero muy lentamente, delante de mis ojos desfilaban los pedazos de vidrio estrellándose contra lo primero que encontraban, los objetos lanzados con furia, la cabeza de mi copiloto estrellándose contra el parabrisas, la sangre brotando y pintando todo a su paso, el cuerpo inerte que se estrella frente a mí, todo con una lentitud que me lleva a la locura; sujeto fuertemente el volante, quizás buscando una solución o una causa, el cinturón me oprime con furia el torso mal herido y me saca un grito desgarrador:
-¡auxilio!
Nadie puede escucharme.
-¡auxilio!
Nadie puede ayudarme.
-¡auxilio!
Después de raspar mi garganta con esos gritos silenciosos el ambiente toma su velocidad original, fierros, vidrios, fuego, chispas, sangre, huesos rotos, dolor, todo un maldito listado de cosas que pasan con rapidez, el automóvil gira, mi contrincante estalla, las lagrimas fluyen y lo que todos dicen no paso, no vi pasar la historia de mi vida por mi mente, solo experimente dolor, sufrimiento, miedo incontenible, de mi garganta ya no salen gritos han sido abatidos por borbotones de sangre, la respiración se dificulta, observo con horror el cuerpo de mi copiloto totalmente desfigurado e inerte, frente a mí los despojos de lo que quizá haya sido una mujer; los ojos curiosos se van multiplicando y a lo lejos escucho sonidos característicos de los accidentes, se me dificulta respirar, se me dificulta vivir, se me dificulta liberarme, me siento cansado, con sueño, sin ganas, cierro los ojos y solo escucho a mi lado - par de puto – mientras me sumerjo en un sueño infernal.
2 minutos antes
-¿me la chupas?
-cálmate no estés de puerco, vienes manejando.
-ándale.
-bueno, pero nada más tantito eh.
-pero quítate el cinturón de seguridad para que me la puedas chupar mejor.
-nada mas no te distraigas.
-no claro que no.
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