Tinta y Rabia

Tinta y Rabia

sábado, 9 de abril de 2011

LA DEL SEXO PREHENSIL




Yo siempre he tenido una obsesión por la prostitución.
Más allá de las causas que orillan a las mujeres a desempeñar este noble oficio creo que hay algo ritual tras el acto.

Prepararse para recibir el falo de alguno que quién sabe en qué tantos huecos lo ha metido, porque si ellos dicen que hay vaginas infectas pues también hay falos putrefactos, sí, prepararse para chupar o masajear una pinga no es muy fácil y luego soportar que quienes traen colgando el miembro salgan con su enamoramiento y su papel de héroes ofreciendo salvación a estas descarriadas, eso sí es el colmo; querer luchar contra lo más profundo y sincero que tiene la mujer. Ser puta.

Las putas, mientras no vomiten vida, son para mí dignas de respeto y me pongo por predisposición  natural de su lado.

¡Ay las esposas!, las mártires, las madres, ¡cabronas! Si babean por acostarse con el que la tenga más grande y al que se le pare mejor ¿qué no ven que para lo único que sirven los engendros es para chingarle más a una la vida? Y peor aún ¿por qué se la chingan ustedes a ellos? .
En cuanto a las que se preocupan por el tamaño del galardón, no pierdan el tiempo hombre, por detrás o por delante, chica o grande, la gracia de la vara no debe robarles distracción,  lo que importa es la elocuencia con la que la embistan a una.

Lectoras de estas líneas testimoniales y confesas: No teman lastimar los sentimientos de algún cabrón, chúpensela y que se las meta. Lo demás son cuentos. 

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