Tinta y Rabia

Tinta y Rabia

jueves, 23 de abril de 2020

Heroica osadia

Imaginar tu piel
rozando mis pensamientos impúdicos
reptando entre mis sentidos
desafiando la premura del corazón.

Heroico el destino
que osado e impertinente
mueve sus hilos
permite que entre en tus sueños
que devore despacio tu calor.

Heroica la vida
por permitir mirar tus formas
desplegar mi lujuria sobre ti
abstraerme entre tus piernas
explotar en tus gemidos.

Heroicas las formas
extrañas de verte
de sentirte
de perderme entre las fantasias
que permiten resguardar
todo el erotismo
que me haces sentir.

lunes, 6 de enero de 2020

Libros leídos 2019


1. Balzac y la joven costurera china – Dai Sijie ⭐⭐⭐⭐
Narrado en la China comunista. Un par de amigos descubren en la literatura “occidental”, la manera de hacer menos pesado su mundo; adentrándose a un sinfín de aventuras, donde convergen, la desesperación, la amistad y el amor. La narración de los paisajes es espectacular.

2. Los maridos de mi madre – Joel Flores ⭐⭐⭐
Ambientados en el norte del territorio mexicano, contados con una simpleza y brutalidad, “Los maridos de mi madre”, es una lectura adecuada para conocer todos esos secretos que cada familia tiene.

3. Linde Faz – Aldo Rosales ⭐⭐⭐
Crónicas sobre mujeres y un luchador exótico que practican un deporte de contacto. Letras frescas y audaces, además ganador del Premio Nacional de Crónica 2018.

4. Salón de belleza – Mario Bellantin ⭐⭐⭐⭐
Una de las novelas más duras que he leído. Narración directa sobre un salón de belleza que se convierte en moridero para enfermos de sida. De las mejores narraciones que he leído hasta el momento.

5. En el lejero – Evelio Rosero ⭐⭐
La historia de una búsqueda incesante de los seres queridos. Por momentos es difícil de entender ya que está escrita con mucha jerga colombiana.

6. La muerte tiene permiso – Edmundo Valadéz ⭐⭐⭐⭐⭐
Narraciones mexicanas de mitad del siglo pasado, las letras del autor nos transportan a los escenarios tan distintos entre sí; van desde la ruralidad hasta la urbanidad, sin que nos demos cuenta siquiera del cambio. Considero que se trata de uno de los mejores libros que se han escrito en México. En las Librerías del Fondo de Cultura Económica no cuesta más de 40 pesos.

7. Letras Surianas 2016 – Antología ⭐⭐
Libro producto de concurso convocado por el CEPE-Taxco, cuentos sutiles que retratan varias de las leyendas que se han contado en Guerrero. El diseño (grabado), es espectacular.

8. Recuerdos de rabioso licor – Fausto Leyva ⭐⭐⭐
Poesía nacida desde un bar de mala muerte, evocando a aquella mujer que no se cansa de morder los recuerdos. Es mucho mejor si se acompaña con una buena dosis de alcohol en las venas.

9. Mujer liquida – Fausto Leyva ⭐⭐⭐
La poesía de Fausto duele como quemada de cigarrillo. En este libro el autor, nos recuerda que no existe peor dolor que el ocasionado por aquella pareja que se va.

10. Eterno, cuentos de amor romántico – Antología
La mayoría de los cuentos me parecen anécdotas o recuerdos.

11. House, retratos desarmables – Sergio Loo ⭐⭐⭐⭐
Una novela dark-homosexual-fantástica-vampírica, desde el primer capitulo no te soltará, narración bien lograda, fresca. La novela es ambientada en la colonia donde vivo: Santa María la Ribera.

12. Tachas y otros cuentos – Efrén Hernández ⭐⭐⭐
Cuentos del México del siglo pasado.

13. Cerro que arde - Edgar Adrián Mora ⭐⭐⭐⭐
De los mejores libros que leí en el 2019, además fue un honor presentarlo. Cuentos que narran varias historias de la zona rural de Puebla, narración ágil y audaz, sin dejar de lado la literatura. Edgar Adrián Mora, a mi gusto, es una de las mejores plumas que está dando el país.

14. Dos veces en el mismo rio – Edgar Adrián Mora ⭐⭐⭐
Un libro arriesgado ya que presenta ucronías; sin embargo, el libro nos invita a pensar las historias desde otro Angulo o que hubiera pasado sí. Recomendable para entender procesos pasados y futuros.

15. Fahrenheit 451 – Ray Bradbury ⭐⭐⭐⭐⭐
La historia del bombero Montag, un bombero que se encarga de quemar libros. Uno de los libros que más disfruté en el año. Futurista, realista y duro. Un libro para entender los nuevos tiempos.

16. Los anacrónicos y otros cuentos – Ignacio Padilla ⭐⭐⭐
Cuentos del México del siglo pasado.

17. Maldito Chaneque – José I. Delgado ⭐⭐
Un libro ambientado en la zona de Iguala, que tiene como eje principal los aparecidos, chaneques, espantos y espíritus. Hay un cuento muy bueno: La esposa del tigre.

18. Cabaret Provenza – Luis Felipe Fabre ⭐⭐
Poesía para terminar los días: ruda, filosa y con ganas de agredir.

19. Raza y cultura – Claude Lévi-Strauss ⭐⭐⭐⭐⭐
El genio de la antropología moderna desmenuza dos de los principales conceptos que hicieron sudar a los antropólogos del siglo pasado. El libro más sencillo de entender de Lévi-Strauss.

20. Brianda – Andres Ortiz Pantaleón
Una serie de anécdotas-cuentos-relatos-recuerdos-narraciones, reunidas en este volumen, son cerca de 70, los mismos que se ambientan en Iguala.

21. Historias de familia, Letras Surianas 2017 – Antología ⭐⭐⭐⭐
Aparte de haber participado en él (como mención honorifica), el libro reúne los mejores cuentos que leí en el 2019: historias de familias tan diversas entre sí, pero con el hilo conductor de estar ambientadas en Guerrero. La basura de las promesas de Elino Villanueva y Un hombre llega a hacer billetes cuando cae la lluvia de Marco Doguez, son dos cuentos imperdibles.

22. Xinastli – Marcos Pablo López ⭐⭐⭐⭐
Mi libro favorito de la nueva literatura mexicana. Un solo personaje y la decadencia de su vida, es lo que uno se encuentra en este libro de relatos, escritos desde el corazón de Cuautepec, lleno de alcohol, amores furtivos y mucha decadencia.

23. Orillas – Nora de la Cruz ⭐⭐⭐
Amé XV, un cuento que todos los mexicanos deberíamos de leer. Letras frescas y llenas de rebeldía.

24. Temporada de huracanes – Fernanda Melchor ⭐⭐⭐⭐⭐
Sin duda el mejor libro que leí en el 2019 y que pasa a ser de mis libros favoritos de la vida. Ultraviolencia en su máximo esplendor, historias cruzadas con un mismo y decadente final, narración salvaje y mucha droga empapada de sangre.

25. Restauración – Ave Barrera ⭐⭐⭐
Ganador del premio Lipp de novela. Un libro que restaura una casa, al mismo tiempo que va restaurando una serie de vidas fallidas. La segunda parte es mi favorita.

martes, 8 de octubre de 2019

Confusión

lee y vomita:

Anhelo cosas que no existen
nunca existieron
remanso de cordura
que transita en los confines de la razón.
Imagino figuras
que aún no se inventan
locura pasajera
fluyendo por los poros de la calle.
Vivo situaciones que no me corresponden
fiel antagonista de las tragedias
sin pausas,
que todavía no se escriben.
Camino entre figuras
que chocan entre si
trastabillen cuando se encuentran
ni siquiera se miran
no existen.
Anhelo, imagino, vivo, camino
entre cosas que nunca estuvieron ahí...

miércoles, 21 de agosto de 2019

Pies

lee y vomita

Los cordones están sucios
lodo incrustado en las fibras más profundas
las agujetas no pueden amarrarse
la sangre impide que se muevan con libertad.
Decidiste no volver a limpiar tus botas
restrojos de batallas danzan sobre ellas
con el vaivén infinito de todo lo que no se siente
de todo aquello que ya no duele.
Y los tenis no sirven para correr
las suelas se han despedazado
la mugre y la tierra entran furiosas a las plantas de tus pies
las masacran, las pudren.
Los huaraches cubren los callos
impiden que el sol se filtre por su piel
guardan los recuerdos confusos
de aquellos días en los caminos pedregosos
donde la esperanza no se perdía.

Los cordondes, las agujetas, las cintas, las suelas, la piel
se marchita al contacto de luz
el aire no pasa entre ellos
la sangre escurre y los baña
los pies se esconden
por que ya no necesitan correr, esconderse
de nadie...

domingo, 17 de febrero de 2019

Dolor

Toma todo el aire que puedas,
acuéstate.
Cierra los ojos,
tira las cobijas al piso.
Imagina que el aire corre por tu cuerpo,
lo asfixia.

Toma todos los sueños que puedas,
voltea.
Abre los ojos,
muerde el colchón.
Imagina que es piel tierna,
la devoras.

Toma todas las fuerzas que puedas,
levántate.
Camina a la entrada,
patea la puerta, sal.
Imagina que no hay concreto,
lo traspasas.

Toma toda la felicidad que puedas,
para.
Grita con toda tu fuerza,
todos los recuerdos.
Imagina que no ha pasado nada,
lo olvidas.

Toma todas las partes de tu cuerpo,
tíralas,
desecha el corazón,
carcome los fragmentos.
Imagina que todo ha terminado,
los errores,
las caricias,
los aciertos,
las lágrimas,
los fragmentos,
las disputas,
los enojos,
las melodías,
el dolor.

Imagina que por fin,
todo ha terminado.

sábado, 20 de octubre de 2018

Frío


Un silbido, cruza el pueblo,
y se ve, un jinete,
que se marcha, con el viento,
mientras grita, que no va a volver.
En algún lugar – Duncan Dhu


Apá, tengo frio.
Aguanta mijo, ya falta más poquito, ya casi llegamos.
Apá, hace mucho frio.
Mijo, ya merito vamos a llegar, espérate un poquito. Mira, toma, ponte mi chamarra, nomás dóblale las mangas pa que no te estorben, tienes que poder moverte rápido, por si las moscas.
Pero apá, ¿Usted no tiene frio?
No mijo, yo estoy fuerte, todavía aguanto un poquito más, póntela mientras y ya cuando se te pase el frio me la regresas.
Si apá.
Nomás aguanta otro poquito mijo.
Apá, ¿y por qué caminamos tanto?, ¿qué andamos buscando?
Andamos buscando un mejor futuro para ti y tus hermanos, un lugar donde brille más el sol y donde haya trabajo pa mí y pa tu amá; y pus un lugar donde haya una escuela más mejor pa ti. Yo sé que tú eres inteligente y que allá vas a llegar a ser un hombre de bien, pa eso vamos.
Apá, tengo frio.
Aguanta otro poquito mijo, ya casi llegamos.
Ya me quiero regresar apá, ya caminamos y caminamos y no llegamos a ningún lado, mejor hay que regresarnos apá, allá donde vamos nadie nos espera.
Aguanta un poquito por favor mijo, ya casi llegamos.
Pero tengo frio. Ya no quiero ir.
Mira mijo, ya se empiezan a ver las luces. Eso blanco que se ve hasta allá son las luces, segurito allá está la ciudad, seguro que ya llegando ahí ya encontramos que comer y algo de agua, y pues quien quita y encontramos una cama calientita, pa que te puedas dormir bien calientito, cómo cuando nos dormíamos los cinco juntos, ¿si te acuerdas no?
Apá, tengo frio.
Mijo, por favor, ya casi llegamos, aguanta un poquito más, acá no nos podemos quedar, ya en la noche salen hartos animales bien feos, y pues no queremos que nos pique uno y ya nos quedemos todos tiesos por acá, nomás aguanta otro poquito, y ya te vas a poder dormir bien calientito. No quieres que nos vaya a pasar como al compadre Chon ¿verdad?, que se durmió un poquito y lo picó la culebra, no mejor vamos a seguir caminando. Ya vez lo que dice la abuelita, que si los bichos oyen ruido se van, porque son bien miedosos, entonces si seguimos caminando segurito se van, segurito no nos pican.
Apá, tengo mucho sueño.
No mijo, eso si que no, no te me vayas a quedar dormido. Pela bien los ojotes, no vayas a dejar que se te cierren. ¡No te vayas a dormir cabrón!, eso si que no. Ponte a cantar, ándale mijo, cántame esa canción que cantabas siempre en las noches, ándale cántamela.
No, apá, tengo frío.
Ándale mijo, cántala, no te duermas, que no se te cierren los ojitos, ándale mijo, ya casi llegamos. Mira las lucezotas, ya se alcanza a ver la ciudad, ya casi llegamos y vas a estar bien calientito, no te vayas a dormir mijito, por favor corazón, no te duermas papacito.
Apá, tengo harto frío.
-Ven mijo, te voy a cargar. A ver si te puedo calentar un poquito con mi cuerpo, voy a tratar de caminar al mismo paso, pero ya estoy muy cansado, pero voy a tratar. Ven mijo, acurrúcate acá en mi pecho, mete tus manitas a mi espalda, abrázate bien. No te me vayas a dormir mijo, tú no por favor. Ya vamos a llegar, ya nomás como media hora de camino y llegamos, ya falta bien poquito.
Apá, tienes bien fría tu espalda.
Ay mijo, tu mete tus manitas. Ya casi llegamos y vas a ver que nos vamos a comer una hamburguesa, una coca pa ti solo. Vamos a comprarte un Transformers, el Superman; vas a ver que vas a entrar a la escuela y vas a tener muchos amigos, y cuando regresemos al pueblo vas a ser un muchacho de bien que va a ayudar a todos los del pueblo. Nomás echale un poquito más de ganas, que ya casi llegamos, ya nomás nos falta bien poquito.
Apá, tengo mucho frio, mucho sueño.
-No te me vayas a dormir, por favor mijo, nomás te pido que no te me duermas, por favor mijito chulo, no te me vayas a domir mijito, nomás no te me duermas mijo. ¿Mijo? ¿Mijito? ¿Corazón? ¿Mijo? ¿Juanito? Despiértate por favor papá ¿Mijo? ¿Mijo? ¿Mijo?...

miércoles, 17 de octubre de 2018

Olor


Viernes, medio día, metro de la Ciudad de México, línea azul, estación zócalo, dirección cuatro caminos.
Imaginen ese olor.
Venía de la catedral y el camino más corto para llegar a mi destino era el metro. Muchos se quejan del metro, pero creo que es uno de los transportes más eficientes de la ciudad, además de que puedes ver el rehilete de culturas y formas que construyen la mexicanidad.
-Próxima estación: Allende.
De pronto siento una mirada, una niña me observa detenidamente. Nuestros ojos se encuentran y se mimetizan, se quedan inmóviles por un lapso minúsculo de tiempo. La niña extiende su mano, como si quisiera tocarme, sonrío, le sonrío, la niña llora.
-Próxima estación: Bellas Artes, transbordo con línea 8, dirección: Garibaldi/Lagunilla-Constitución de 1917.
La madre trata de calmar a la niña, entre sollozos me mira y llora con más fuerza, presiento que tengo que cambiar de puesto, la niña comienza a sospechar.
-Próxima estación: Hidalgo, transbordo con línea 3, dirección: Indios verdes Universidad.
La avalancha me guía hasta una de las esquinas del vagón, a mi lado una anciana desdentada, se acerca un poco más a mí, miro como sus fosas nasales se abren poco a poco, miro como jalan aire y perciben mi olor, frunce el ceño. Trato de moverme y alejarme de ella, pero es imposible, hay mucha gente. La señora levanta los ojos y mira mis cuencas. Creo que sonríe, una sonrisa casi imperceptible entre ese mar de arrugas.
-Próxima estación: Revolución.
El vagón poco a poco se despeja, la señora ya no me mira, se pierde entre pensamientos. Parece que al mirarme se ha acordado de algo o de alguien, porque da leves suspiros mientras mete las manos en las bolsas de su mandil. Me acerco a ella y susurrándole al oído le digo que le quedan pocos días para encontrarse con él. Sonríe una última vez, me mira y me pregunta si bajo a la siguiente. Niego con la cabeza mientras miro cómo se dirige a la puerta del vagón.
-Próxima estación: San Cosme.
“Si mire, buenas tardes, no es mi afán ofenderlo, solo vengo ganándome una moneda. Si mire, me salí de mi casa cuando era un morrito y desde entonces no tengo dónde vivir, por eso ando acá, rifándome el físico, espero no ofenderlos con mi acto y si tienen una moneda que no afecte su economía, agua, alguna fruta o comida, será bien recibida. Muchas gracias y que llegue con bien a su destino”. Acto seguido el joven esquelético toma una playera y la deja caer al piso, en ella hay cientos de vidrios de diferentes tamaños. Deja caer su frágil cuerpo en varias ocasiones, pero no le sale sangre. Todos fingen no mirarlo.
Tomo un pan traido de la ofrenda, pero se desvanece en sus manos. Un par de años más, le digo mientras miro como su rostro se transfigura con el horror.
-Próxima estación: Colegio Militar.
Cuando las puertas se abren, entra el olor a sangre.
-Próxima estación: Popotla.
Voy en la esquina del vagón, cuando se abrieron las puertas un olor a muerto se hizo presente. Busqué por todos lados, para ver de dónde venía ese funesto olor, una chica cabeceaba mientras una señora la miraba con ternura. La miré fijamente hasta que volteo, al instante me di cuenta de que no pertenecía a este mundo. No se le ve color en los ojos, se miran opacos. Moví la cabeza para mirarla mejor, ella hizo lo mismo, me hizo un gesto de complicidad y comprendí que guiaba a la joven en este molesto trajín cotidiano, moví la cabeza negativamente. Nos habíamos dado cuenta de todo.
-Próxima estación: Cuitláhuac.
La joven se levanta y camina hacía la puerta. El olor a muerto es cada vez más pesado, huele como flores que poco a poco se pudren en un cántaro con agua, huele a basura acumulada, huele a desesperación, huele a olvido.
La mujer camina un poco, hasta la puerta. Sabe que la miro, tiene que seguir el curso, tiene que seguir su camino, tiene que dejarla ir.
-Próxima estación: Tacuba, transbordo con línea 7, dirección Barranca del Muerto-El Rosario.
El olor a muerto se incrusta en mi ser, inunda el vagón, pero parece que nadie lo percibe, es como si se hubieran acostumbrado a ese olor a muerto, a muerte. Miro a todos lados, mujeres, hombres, niños, niñas, ancianas, ansíanos, jóvenes; nadie se mira entre sí. Finjo no mirarlos. Cada vez que miro a alguien, en sus ojos aparece una fecha de caducidad, una fecha de muerte. Miro por dos segundos a la mujer que huele a muerto. Sus ojos marcan cero, lo supuse, igual que los míos. “Disculpa, bajas a la siguiente”, “si”.
-Próxima estación: Panteones.

lunes, 15 de octubre de 2018

Oficina de milagros

Horario de atención:

Lunes a viernes de 9 am a 6 pm.
Sábado de 9 am a 2 pm.
Domingo de 10 am a 1 pm.

Hacemos todo tipo de milagros: De amor, de salud, de ocio, de religión, de amarres, de la escuela.

50% de anticipo por cada trabajo.
Aceptamos todas las tarjetas de crédito, 6 meses sin intereses.

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Informes al teléfono:
01800 MILAGRO EXPRESS YA
y al correo electrónico
milagros_milagrazos_milagritos@milagrosexpress.cielo.net

Atención especializada de nuestro señor Jesucristo.

viernes, 12 de octubre de 2018

La conquista

El que escribe, Konetl Tenkutli, bautizado de esta manera por ser el hijo del jefe de la provincia de Castilla, antes llamado Don Juan de Vizcaína y Sigüenza, redacta la siguiente carta, como un testimonio fiel de las últimas reminiscencias de su vida como ibérico, español consumado, y deja una crónica fiel de lo que fueron sus últimos días, antes de que le sacaran el corazón en la gran pirámide de Huitzilopochtli, erigida sobre el templo de San José; tomado como ofrenda gracias a su fuerza y valentía en el campo de batalla.


Año Yei Calli, día Nahui Cuauhtli, de la veintena Hueytecuilhuitl
(13 de agosto de 1521)


Konetl Tenkutli
(Don Juan de Vizcaína y Sigüenza)


Me llamo Juan, me llamaba Juan, antes de que los demonios color tierra aparecieran en nuestras costas, ahora me conocen como Konetl. Después de que se apoderaron de todo, nos impusieron muchas de sus formas de vida, entre ellas los nombres.
Fue en el año Matlactliomei Técpatl, que nosotros conocemos como 1492, cuando una flota con tres canoas, seguidas de cientos de balsas, arribaron a las costas de Cádiz, en ella venían hombres vestidos con mantas y pocas ropas. Los provincianos asumieron que eran personas venidas de climas más amables y tropicales; su líder se hacía llamar Moctezuma, y hablaba de que había llegado al nuevo mundo.
Se comunicaban en una lengua extraña, parecía que hablaban con el paladar, eso fue lo que nos dijo Don Fernando de Cádiz, cuando escribió para avisarnos de la llegada de estas personas extrañas. De primera fuente, nos dijo que solo estaban observando y que se esmeraban en comprender la forma en que vivíamos, nuestras tradiciones y comida. Trajeron algo que para nosotros resultaba un tanto inservible, le llamaban obsidiana, una piedra preciosa que les cambiamos por telas, y animales. Esa primera llegada nos exaltó un poco, pero no supusimos mayor problema, ya que al poco tiempo se fueron. Nunca habíamos tenido contacto con alguna otra persona que no fueran similar a nosotros, ese choque con estos seres nos impactó.
Recibimos dos visitas más de Moctezuma, siempre traía nuevas cosas. En uno de sus viajes trajo algo que le decían penacho, que era una especie de tocado para el cabello usado por los líderes. Venían más y más personas a conocernos y nos sentíamos halagados, porque estas personas desconocidas, sentían un cierto interés en nosotros, era como si quisieran aprender lo más que pudieran. Alguno de los nuestros me dijo alguna vez que estaban preparando una conquista, pero no le creí, aun en estos momentos sigo sin creerlo.
En el año de 1519 pasó lo que no nos esperábamos, pero que profetizaron años antes. A la bahía de Cádiz arribó una canoa y cientos de balsas, cargadas con los demonios color tierra, cientos de hombres que bajaron y se maravillaron con las riquezas que suponía nuestra madre España. El líder se presentó, nos dijo en su lengua que se llamaba Cuauhtémoc y que venía a reclamar esta tierra como parte del imperio Mexica.
Pensando que solo era una treta, les dimos un muy buen recibimiento, incluso al líder le obsequiamos a una de nuestras doncellas María -a la que bautizaron como Malintzi-, como muestra de amistad. Los aztecas parecían complacidos y maravillados con lo que veían sus ojos. Algunos devotos de la iglesia asumían que Cuauhtémoc era la reencarnación de Cristo, y no faltó quien dijera que lo vieron caminar sobre las aguas. Algunos decían que bastaba con un movimiento de su brazo para hacer temblar a la tierra.
El hijo de Don Fernando de Cádiz nos dio el aviso de que estas personas parecían hostiles, de hecho, los bautizó con el nombre de los demonios color tierra. Nos habló de especies de armas negras, cuchillos, lanzas, arcos y flechas, además de perros sin ningún pelo y que sacaban fuego por sus fauces.
La comitiva azteca llegó al Reino de Sevilla, inmediatamente nos dimos cuenta del poderío azteca, la mayoría de los sevillanos fueron masacrados de una manera atroz, no tenían como defenderse, parecía que nuestras balas rebotaban en sus fuertes cuerpos. Bastaba un movimiento certero con sus puñales de obsidiana para cortar de tajo brazos, piernas, torsos y cabezas. La conquista se comenzaba a gestar.
El siguiente en caer fue el Reino de Córdova, los cordobeses se dieron por vencidos apenas vieron el imponente ejercito azteca acercarse. Era como ver demonios, escribió uno de los comandantes -como aviso al Rey Carlos I-, son inmortales. Cuando los mexicas lograban apoderarse de un reino, lo primero que hacían era dejar a uno de sus guerreros águila o jaguar, destruir nuestras iglesias, montar pirámides y ofrecer un sinfín de corazones y cuerpos humanos, como ofrenda a sus dioses; se aterraban de nuestras creencias y no podían concebir que solo adoráramos a un dios, un dios que para ellos era pagano.
El ejército de Cuauhtémoc siguió su camino, pudo llegar sin contratiempos al Reino de León, Joán, Valencia y Aragón, donde entablaron alianzas con los lideres de todos estos puntos, por algún motivo tenían algo contra la comitiva del Rey Carlos I, y la mejor manera de vengarse era uniendo fuerzas con el ejercito mexica, que cada vez se veía con más fuerza.
Así pues, y como esperando lo inevitable, en 1520, La Corona de Castilla y el Imperio Español, comandado por Carlos I, abrieron las puertas del reino a Cuauhtémoc, quien, quedó maravillado con la arquitectura, y pidió a Carlos I, hospitalidad para sus guerreros y los aliados; Carlos I aceptó, y a todo el ejercito de Cuauhtémoc se le alimentó y se le dio de beber por varios días, aprovechando esta situación para que, cuando se celebró el carnaval, en donde la mayoría de soldados y aristocracia española participaba, atacarlos de manera sorpresiva, lo que originó una de las mayores masacres, que guardará la historia.
Estos hechos desencadenaron una serie de batallas entre el ejército de España y el ejercito de Cuauhtémoc, la invasión estaba en su apogeo, lo único que podíamos hacer era resistir, resistir y repeler los embates de los demonios color tierra, hasta que nueve meses después de la gran masacre de Castilla, con miles de bajas, población enferma y un rey que poco a poco descendía de su poder. No quedó nada más que rendirnos y entregar España a los poderosos Aztecas, misma que fue bautizada casi al instante como La Nueva Gran Tenochtitlan.
Carlos I, fue apresado, lo torturaron por tres días, quemándoles los pies, tratando de que confesara sobre el gran tesoro de Fernando de Aragón, nunca dijo una palabra. Lo colgaron frente al castillo derrumbado, como muestra de que nuestro Reino había caído.
Escribo esto, como un testimonio de lo que ha pasado, no se cual será mi destino. Cientos de soldados que cayeron junto conmigo, han servido para alimentar el apetito de Tonatiuh, su gran Dios del Sol, supongo que mi castigo será igual. Solo rezo, le pido a Jesús, que me de las fuerzas necesarias para aguantar este suplicio y que no me deje ver, como nuestro gran reino se ha convertido en cenizas.

domingo, 7 de octubre de 2018

Decisión

Y bueno, al fin estamos acá, los dos frente al juez.
          Viéndonos a los ojos, con el nerviosismo que no se puede ocultar, con las gotas de sudor que caen sobre nuestras frentes. Los testigos nos miran aturdidos, de vez en vez tragan saliva. En el ambiente se siente una bruma pesada, la misma que se extingue cuando el juez lanza la sentencia.
          -Señor, ¿acepta?
          -Acepto.
          -Señora, ¿acepta?
          -Acepto.
      Nos miramos a los ojos, tratamos de sonreír pero no podemos, es como si nos hubiéramos congelado viendo la quietud del otro. Por dos segundos creo que puede ser una buena idea tomarte de las manos, pero me detengo casi al instante. Se hace un silencio incomodo, casi perpetuo, se pueden escuchar los corazones latiendo a un mismo compás. Tengo que decir o hacer algo, pienso mientras miro como la incomodidad se apodera de los asistentes, tengo las palabras precisas, adecuadas, están por salir cuando de pronto el juez rompa con la quietud del ambiente.
         -Pues bien señores, lo último que tiene que hacer es firmar y quedarán oficialmente divorciados.