lee y vomita:
Fue en el preciso
justo
y exacto momento,
en que cabeceaba ferozmente,
en un microbus que se dirigía furioso
a metro Toreo,
cuando me di cuenta
de que realmente detesto
la ciudad de México,
carajo.
Me paré intempestivo,
dispuesto a bajarme
y mandar todo a la mierda,
pero me di cuenta
que aun faltaba como media hora
para llegar al metro.
Me volví a sentar,
visiblemente derrotado,
miré como se bamboleaba
la ciudad a nuestro paso,
cerré los ojos
y traté de seguir cabeceando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario