Llegué al lugar que me dijo,
mis manos temblaban profusamente,
no sabía que esperar,
en todo el camino me hacía ilusiones vagas y estúpidas.
Dejé los pensamientos a un lado y encendí un
cigarrillo,
en ese momento apareciste frente a mí,
ha perdido un poco de peso, pensé,
luce igual de linda como cuando la conocí.
Me diste un beso frió en mi mejilla helada,
dijiste palabras que no recuerdo,
contestaba miméticamente,
le di una jalón al cigarro,
seguido de otro y otro,
tandas de tres para aminorar el nerviosismo.
-No tiembles.
Por un momento salí de mis pensamientos,
decidí escucharte hasta que el carboncillo rozara
mis dedos.
Tu sonrisa me decía más que mil palabras,
tus ojos reflejaban la lástima que sentías
por este sucio personaje de barba larga y mirada
triste.
No podía escuchar lo que decías,
no quería escuchar lo que decías,
bocanadas de humo para aminorar el nerviosismo,
de tres en tres,
te miré, me miraste,
mordiste tus labios,
esperabas que dijera algo,
pero no tenía nada que decirte,
tomé algo de mi mochila,
no recuerdo que,
te lo extendí, lo tomaste cautelosamente.
-Cuídate.
Fue lo único que pude decir.
Me paré y me alejé de ahí,
Sin voltear, sin pensar.
Me detuve a la mitad del camino,
saqué un cigarrillo,
lo mordí con fuerza,
lo encendí
le dí tres rápidos jalones
tratando de aminorar el dolor.
le dí tres rápidos jalones
tratando de aminorar el dolor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario